Opinión

Sobre antologías y selecciones

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4 de julio de 2017, 4:00 AM
4 de julio de 2017, 4:00 AM

El propósito de los historiadores es reconstruir el pasado y el de los antologadores es seleccionar documentos para su lectura o consulta. Unos y otros están, por necesidad, obligados a elegir entre innumerables hechos o documentos que necesitan para su labor.

La Antología de documentos fundamentales de la historia de Bolivia, de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, se inscribe en los dos ámbitos.

No es cierto que las antologías sean siempre “subjetivas y arbitrarias”. Este rasgo solo se presenta cuando la preferencia es el criterio principal de selección. Lo que sí es verdadero es que aun en los casos en que el antologador trata de ser objetivo hay un peso subjetivo inevitable.

Por iniciativa del vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, un grupo de 35 intelectuales forjó una lista de 200 títulos para contribuir con el rescate de lo mejor de nuestra cultura a la celebración de los 200 años de la fundación de Bolivia. Como ocurre frecuentemente, el resultado no satisfizo plenamente a nadie. Unos reclamaban por la exclusión de textos de determinadas localidades o regiones; otros por obras de determinados ámbitos culturales; algunos reclamaban lo actual, mientras otros se aferraban a lo tradicional, etc. 
Inspirado en algunas obras similares de otros países, asumí la tarea de preparar la citada Antología. Las exclusiones fueron principalmente de dos clases: documentos de interés puramente local (con excepción de la Proclama de la Junta Tuitiva, que trasciende lo exclusivamente paceño) y los documentos privados o que representan puntos de vista personales. No hubo el propósito de ‘ningunear’ a nadie.

El Memorándum, de la Sociedad Geográfica de Santa Cruz, fue excluido en principio  porque lo consideré demasiado local. Pero hubo varios reclamos con posterioridad a la primera edición de la Antología. Al reevaluar la pieza, se incorporó en la segunda edición, que está por publicarse, junto con dos piezas que no aparecen en la primera edición: Las ordenanzas del virrey Toledo sobre el trabajo en las minas y la confesión de Tupac Katari en el juicio que le siguieron las autoridades españolas.

Reitero finalmente que esta Antología puede seguir siendo mejorada gracias a las críticas y observaciones de los lectores, cuyas opiniones son en general muy valiosas.

En cuanto a la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (aunque tengo algunas reservas), juzgo que es bastante ecuánime en cuanto representa proporcionalmente las contribuciones de nuestras regiones a la cultura boliviana en su conjunto. 

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