Opinión

SOS para los bomberos

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1 de marzo de 2017, 4:00 AM
1 de marzo de 2017, 4:00 AM

Hace poco tiempo, los esfuerzos de los bomberos de Montero resultaron infructuosos en la búsqueda de una persona que supuestamente había caído en una laguna ubicada en un barrio periférico de esa capital. Después de tres días, el operativo fue suspendido porque se desinfló uno de los neumáticos de la balsa improvisada que se usó para tal efecto. Tampoco hubo resultados positivos con el deslizador de un vecino. En medio de tan penosas limitaciones, el empleo de un equipo de buceo podía ser considerado hasta extravagante.

El hecho refleja el estado de precariedad de los bomberos norteños en una ciudad que supera fácilmente las 100.000 almas y en la que los casos de emergencia pueden presentarse en cualquier momento. Lo mismo sucede en las principales urbes bolivianas, a excepción de la sede de Gobierno, donde el municipio local construyó, con una fuerte inversión, la más moderna estación de bomberos del país. 

Últimamente, en mercados públicos de Cochabamba y de Riberalta (Beni) hubo incendios dantescos con pérdidas económicas cuantiosas para los comerciantes, aunque, afortunadamente, no se registraron pérdidas humanas. En ambos casos, como en muchos otros de características similares, los bomberos arriesgaron hasta extremos su integridad física, sofocados por las altas temperaturas o ahogados por la densa humareda por no contar con los elementos apropiados para combatir las llamas.
Santa Cruz de la Sierra, la ciudad más grande y poblada de Bolivia, es la de menor cobertura en cuanto a recursos humanos y equipamiento para combatir incendios y otros siniestros que requieren de los bomberos dependientes de la Policía. Ocupando simples galpones como estaciones improvisadas, sin lugares adecuados para descansar o alimentarse, esperan el llamado a servir. Lo hacen con sus viejos y desgastados trajes antiflama. No tienen máscaras, extintores ni tanques de oxígeno, sus botas están agujereadas y sus motobombas parecen reliquias. A nuestros bomberos lo que les sobra en esfuerzo, voluntad y coraje, les falta en equipos y en otros implementos.

Lo referido impone un emplazamiento con rigor de reto inexcusable para las autoridades locales y del Gobierno central: estando en juego la seguridad, la vida y los bienes de la gente, la dotación de equipos modernos para los bomberos responde a prioridad inexcusable. Es una irresponsabilidad mayúscula seguir postergándola, mientras millonarios recursos públicos son dilapidados en faraónicas obras y en otros gastos superfluos.

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