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12 de marzo de 2019, 4:00 AM
12 de marzo de 2019, 4:00 AM

Llegué a mi casa un viernes, en realidad ese día es exclusivo para escribir notas como estas, alguno que otro poema que se pierde en mi blog y algún cuento que ronda en mi cabeza.

Ese viernes llegué cansado, producto de la jornada laboral agotadora, e Hipnos y Morfeo hicieron su trabajo. Entre pestañazos escuchaba cómo ese tren, que era esperado desde hace bastante tiempo, traía esas cañerías que iban a componer la red de agua. Las calles de tierra, el colocado de la primera loseta, las velas y lámparas de querosén que alumbraban las casas y hacían posible que la noche no sea oscura y tenebrosa; en las calles, las personas se sentaban a charlar, mientras un niño pasaba ofreciendo pan.

No había paso de cebra, ni semáforos, ni bocinas, ni supermercados, ni farmacias, ni boulevard, ni centro de convenciones, ni hoteles de cinco estrellas, ni viaductos, ni sushi, ni juegos electrónicos, ni Netflix; no había portátiles, menos celulares con cámara o autos cero kilómetros; no había tarjetas de crédito, máquinas de hacer café, ni microondas. Solo había personas, sin agua, sin luz y sin teléfonos.

A la una de la mañana me levanté, con la nota rondando mi cabeza;toda la semana la tuve en mis pensamientos, pero las palabras no se ordenaban. El tema es complicado.

Y ese sueño me trasladó al pasado, a mi infancia, cuando dos ladrillos formaban un arco de fútbol, cuando la comunicación constituía en sentarse en la vereda, con todos los vecinos hablando de todo un poco, cuando había que comprar tarjetas de teléfono públicos que estaban instalados en lugares estratégicos para poder hablar con los familiares, cuando el cuarto anillo era muy lejos e ir al norte era como viajar al exterior.

Y ahora, somos lo que somos y tenemos lo que tenemos gracias al esfuerzo de nuestra gente. Bajo el lema: “el cooperativismo es la firme convicción de que, si uno llega a la meta, ganamos todos”, se crearon nuestras cooperativas, generaron progreso, tuvimos luz, teléfonos y agua potable todo el día.

Nuestras cooperativas son esencia de los cruceños, las instituciones permanecen en el tiempo, las personas son pasajeras, a ellas le debemos gran parte de nuestro desarrollo. Ahora que estoy despierto, los puntos fueron colocados sobre la íes y las letras rellenaron la hoja en blanco, espero que las cooperativas cruceñas sigan generando desarrollo y los responsables de las cuotingas sean juzgados por sus actos.

 

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