Opinión

SUS, producto valioso no deseado

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Quien diría que después de 10 años de ser agendado en la nueva Constitución, justo en un año electoral, cuando la bonanza económica solo es recuerdo, en el momento en que la democracia está herida de muerte, cuando lo ilegítimo busca aferrarse, en estas circunstancias, aparece un embarazo, “manteado” por una cumbre social, un baby shower con financiamiento extranjero, un parto inducido por una matrona, y nace un sistema de seguro público que ya le habían apodado “SUS”.

La partida bautismal tiene como registro el número “1152” (Ley 1152), pero el apodo de SUS intenta ocultar algo que no es, un Sistema Único de Salud. La Gaceta Oficial de Bolivia indica claramente que la Ley 1152, promulgada el 20 de febrero de 2019, es una ley modificatoria a la Ley 475 de 30 de diciembre de 2013 de prestaciones de servicios de salud integral del estado plurinacional de Bolivia.

No lleva por nombre ni sistema, ni único. Después de tantas falacias y en el filo del abismo, los progenitores tenían una deuda y no podían incumplir con lo que obliga el artículo 18 de la CPE: El SUS será universal, gratuito…y muchas otras cualidades.

El Estado debía hacer un salto cuantitativo, (El Dr Horacio Toro Ocampo lo dijo: El “gran salto del SUS”…al vacío…) para que no todas las promesas queden sin cumplir, pero ¿a qué costo?.

La incongruencia entre lo mediático y lo técnico es desmesurada en el momento de intentar aplicar esta estrategia de conseguir la ansiada justicia social en salud, instrumentalizada por un mecanismo que han generado las sociedades para garantizar que los individuos satisfagan sus necesidades en salud, mediante un acceso adecuado y equitativo a los servicios sin que la capacidad de pago sea una barrera.

El veterano y aun vigente Sistema de Salud Boliviano consta de dos sectores, uno público y otro privado. Del primero se desprende el subsector público propiamente dicho y el subsector de la seguridad social, ambos con regulación y financiamiento distinto.

El de la seguridad social tiene garantizado su financiamiento por contribuciones de los empleadores, trabajadores y del Estado.

El subsector público, el que por Ley Marco de Autonomía y Descentralización Administrativa hace que alcaldes le den a título gratuito a gobernadores, predios y construcciones sanitarias antiguas, heredándoles (deshaciéndose) también de problemas recurrentes sin ninguna transferencia adicional de recursos, y las atenciones y medicamentos se costean con el bolsillo de la gente en parte y con los impuestos municipales y regalías departamentales en contraparte, lo que hace que éste subsector, él público, esté fragmentado.

Es a éste subsector al que por Ley 1152 debe beneficiar el SUS.

Ya nació el SUS, dice ser único, es decir un sistema que unifica, ahora me pregunto: ¿Los hospitales de la Caja Nacional, de la Caja Petrolera, del Seguro Social Universitario (Seguridad Social) se han unificado en la atención con el hospital San Juan de Dios, de la Pampa de la Isla o el de Lazareto? ¿Los recursos económicos de los alcaldes y gobernadores están en una sola cuenta para dar mantenimiento a los hospitales, aumentar el numero de camas o quizás seguir malversando para poder crear ítems y disminuir la deuda histórica del Ministerio de Salud?.

Mientras estas preguntas tengan por respuesta lo que Bolivia dijo un 21 de febrero, entonces seguiremos ante un Sistema de Salud que quiso ser único pero sigue segmentado y fragmentado, que pretende la universalización en el acceso a las atenciones médicas pero te pide requisitos para ser atendido, que se olvida que un financiador (ministerio) debe conocer el costo de funcionamiento de los proveedores (hospitales) para garantizar un servicio de salud eficaz y eficiente.

Si los padres del recién nacido SUS, no recapacitan, hacen práctica de la negligencia familiar, será nomás parte de las estadísticas de la mortalidad infantil que sigue desprestigiando al país con nuestros vecinos.

El SUS aún puede ser una esperanza si deja de ser una estrategia electoral desesperada

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