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24 de abril de 2023, 7:45 AM
24 de abril de 2023, 7:45 AM

Uno de los fracasados modelos económicos en las décadas del 60-70 del pasado Siglo, junto con el fracaso de la integración Latinoamericana en la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio), luego el Grupo Andino y posteriormente el MERCOSUR (Mercado Común del Sur), fue el Modelo de Desarrollo Económico Endógeno propugnado por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina).

El Modelo en esencia planteaba el desarrollo de los países basado en su industrialización para abastecer su demanda interna sustituyendo sus importaciones y exportando los excedentes, un modelo de desarrollo endógeno, del centro a la periferia donde los países menos desarrollados, periféricos, entre ellos Bolivia, debían proteger sus mercados internos con altas tasas de arancel, restricciones cuantitativas y prohibiciones, lo cual -en teoría- debería asegurar el abastecimiento interno a precios bajos con la producción en manos de las industrias del Estado.

Los resultados de la aplicación del Modelo los muestra la historia económica latinoamericana, en sus inicios una fuerte inversión pública intensiva con base en deuda externa, en algunos países como Brasil, invertida con acierto en infraestructura (vial, energía, portuaria, etc) otros casos como Argentina, Venezuela o Perú, inversiones en empresas productivas estatales y proyectos fallidos de obras de infraestructura en los que la mayoría de gobiernos de facto corruptos y criminales, convirtieron sus economías en las más endeudadas del mundo llevándolos a situaciones de imposibilidad de pago a sus acreedores (default), desembocando en las crisis de gobierno de las décadas del 80-90 por todos conocidas.

Un viejo proverbio dice que “en el pasado esta la llave del futuro” y no es precisamente que el pasado sea más importante que el presente o el futuro, ni que debamos caminar para el frente mirando el pasado. Debemos aprender del pasado, porque este enseña a los sabios y castiga a los necios, el tiempo vivido nos debe indicar la llave correcta para abrir las puertas correctas en el futuro, sin repetir los mismos errores.

Esta es precisamente la referencia del epígrafe del artículo de la fecha, la pregonada sustitución de importaciones del Modelo de Desarrollo Económico Social Productivo Comunitario, no puede estar solo basada en reemplazar lo producido por lo importado. Si este traslape de la oferta no se basa en la competencia y la economía del ahorro, solo servirá para crear industrias anquilosadas con producción ineficiente, corruptas y burocráticas, que lo que nos ahorren en consumo será solo una parte del costo de la incompetencia que pagaremos los bolivianos en las empresas públicas que tendrán esta misión salvadora.

¿Qué importaciones se deben sustituir?, es la primera interrogante, en principio la lógica indica, que serían aquellos productos o sectores donde tenemos un potencial productivo competitivo, con lo cual generaríamos un ahorro en doble partida, en las divisas para la importación y el ahorro en el consumo al abastecernos de un producto nacional competitivo. Para esto hacen falta cuatro condiciones básicas: i) la inversión debe estar dimensionada a la demanda interna y externa; ii) la tecnología utilizada en la producción debe permitir competitividad al producto; iii) la localización del proyecto debe estar en la zona de abastecimiento de la materia prima y acceso logístico competitivo; y iv) la inversión pública debe estar avalada por absoluta transparencia.

Al respecto tenemos ya dos ejemplos icónicos. La planta de hierro del Mutún que aún está en proceso de instalación por parte de la china Sinosteel con una inversión de 546 millones de dólares, hasta ahora solo ha producido y exporta mineral de hierro, esperando que a partir de 2024 pueda producir acero de construcción que sustituya al menos 200 mil toneladas de las 450 mil toneladas que se importan anualmente y equivalen a cerca de 500 millones de dólares.

Otra planta para la sustitución de importaciones es la de amoniaco y urea (PAU) en manos de la estatal YPFB que en cinco años de funcionamiento estuvo 22 meses parada y el resto del tiempo produce en promedio a menos del 50% de su capacidad instalada de 2.100 Toneladas/día y que el año 2022 exportó 330.000 toneladas por 193 millones de dólares y abastece el mercado interno con unas 40.000 toneladas, mientras las importaciones de fertilizantes procesados para la agricultura alcanzaron el año pasado cerca de 30 millones de dólares en solo 23.000 toneladas.

Esperamos que los nuevos proyectos de sustitución de importaciones, como las plantas de biodiesel, oleaginosas, empresa agrícola, la gestora pública que pretende sustituir servicios de empresas extranjeras, no sean empresas parásitas del Estado que a título de proveernos barato, empeñen el futuro del país.

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