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El primer día de diciembre de todos los años se celebra el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, con el objetivo de aumentar la conciencia pública en la prevención y tratamiento de la enfermedad, y motivar la solidaridad del mundo con las personas que padecen este mal.

Este año, la fecha pasó casi inadvertida porque el mundo tiene otra preocupación de salud desde el comienzo de 2020, el Covid-19, que, aunque no parezca comparable con el VIH, ha demostrado también ser muy letal en las naciones del planeta.

El coronavirus no solo nubló la recordación y concienciación sobre el sida, sino que además dificultó el acceso de los enfermos a fármacos y al tratamiento de la mortal enfermedad conocida por esas tres letras que de solo leerlas estremecen a todos: VIH.

Durante el severo confinamiento de los primeros meses, y relativo en los siguientes, los enfermos con sida sufrieron y sufren por el acceso a los antirretrovirales y por el racionamiento de las medicinas necesarias para su tratamiento, que en este caso cumplen una función textualmente vital: impiden que el virus se reproduzca en el organismo y los mantienen con vida.

En julio pasado 73 países advirtieron, junto a la Organización Mundial de la Salud, que corrían riesgo de que se agoten los medicamentos contra el sida a consecuencia de la pandemia del coronavirus.

24 de esos países reportaron que las reservas de antirretrovirales bajaron a niveles críticos y que se habían producido alternaciones en el suministro de los fármacos.

La incapacidad de los proveedores para entregar oportunamente los medicamentos, el cierre de los servicios de transporte aéreo y terrestre entre los países y el acceso limitado a los servicios de salud colapsados por enfermos del Covid-19, son algunas de las causas que explican las dificultades de acceso a los medicamentos del VIH.

En el caso boliviano, mucha gente ofrecía los antirretrovirales del sida como supuestos tratamientos preventivos contra el Covid-19, pero a la vez más de cuatro toneladas de los fármacos para los enfermos de VIH estuvieron retenidas en la Aduana Nacional por cambios administrativos en el Programa Nacional de ITS-VIH-Sida.

En lo que va del año, en Santa Cruz se han registrado 857 casos positivos de VIH, una cifra que si bien es inferior a los 1.200 casos promedio de los años anteriores, no deja de ser preocupante, y 60 pacientes fallecidos, cifra similar a la del año 2008, afortunadamente bastante inferior a la de los últimos ocho años, cuando las muertes eran el doble.

Pese a las dificultades originadas por la pandemia del Covid-19, la Gobernación de Santa Cruz ha entregado este año más de 30.000 tratamientos retrovirales, lo que permitió estabilizar la enfermedad y mantener un ritmo de vida relativamente normal para los pacientes.

En todo el país hay 22.178 personas registradas con VIH, de las cuales 11.479 recogen los tratamientos retrovirales, pero pese a que son gratuitos, la otra mitad no los recoge.

Con la pandemia, se han extremado las medidas de bioseguridad para los pacientes con sida por ser un grupo de alto riesgo.

Los pacientes con sida también son víctimas de la discriminación, sutil, pero discriminación al fin, como cuando acuden en busca de atención médica y les dicen ‘vuelva más tarde’ o les exigen historiales como formas de retardar la atención. Ojalá que la celebración del 1 de diciembre contribuya a reducir cada vez más esos gestos hostiles hacia los enfermos, y que la ciencia no se detenga en la búsqueda de una cura definitiva para este mal del siglo XX.

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