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Es tiempo de promesas electorales y es necesario que conozcamos la opinión de los candidatos a la Presidencia sobre algunas tareas nacionales que considero urgentes: empecemos por los impuestos, no es posible que los contribuyentes sigamos siendo víctimas de un sistema usurero que cobra intereses y multas incluso por encima de lo establecido legalmente; resultando que es mejor dedicarse a la especulación financiera que a la creación de empresas legales, por eso existen cientos de miles de informales.

En el campo de la salud, se deben garantizar los fondos públicos para los recursos humanos, y materiales, así como la infraestructura necesaria para que el Seguro Universal de Salud deje de ser un postulado demagógico.

En el tema de la cultura, el proyecto de ley quedó entrepapelado en alguna instancia burocrática; la Ley del libro y la promoción de la lectura hasta ahora no posee su reglamento y, por tanto, no sirve para nada porque los libreros siguen pagando impuestos y no existe un adecuado plan de fomento de la lectura.

La defensa de la Madre Tierra tiene que dejar de ser un discurso vacío de contenido, como una tierra baldía, y el Gobierno que venga deberá tomar acciones inmediatas para garantizar que vivamos en armonía con el medioambiente, el famoso “vivir bien” que está en la Constitución Política del Estado y del que nadie se acuerda.

De corrupción, injusticia y de seguridad ciudadana todos hablan y, por tanto, no hay para qué insistir, venimos escuchando promesas de toda laya desde que recuperamos la democracia en el año 1982 y todo sigue igual o peor.

Me acuerdo de muchos pobres que ahora son ricos y siguen manejando el discurso de honestidad, políticos que están en ambos bandos: en el oficialismo y en la oposición, algunos de ellos tan cínicos que nunca han practicado la autocrítica.

Así que en estos temas le voy a creer al que menos prometa, así no me decepcionaré tanto porque ya soy un viejo sin muchas ilusiones.

No se puede negar que el país ha cambiado y fueron cambios muy necesarios; sin embargo, la mayor tarea es la de pacificar el país; mientras sigamos enfrentados entre nosotros al punto de un conflicto mayor, de nada habrán servido esos cambios.

El próximo Gobierno, incluso si sigue el actual, deberá ser de transición, pues deberá recuperar la institucionalidad y la fe en el Estado de derecho. De lo contrario es creer en el “traje del rey”, como en el cuento de Christian Andersen.

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