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La reserva nacional de flora y fauna Tariquía es una de las 22 áreas protegidas por ley, ubicada en las provincias O´Connor y Arce, de Tarija. Creada para preservar la fauna, flora y cuencas, para investigación, educación ambiental y recreación. Con 246.870 ha, clima cálido y templado, relieve montañoso y bosques bien conservados, surcados por ríos y arroyos de agua cristalina. Es la única área protegida del país que incluye muestras bien conservadas de los bosques de yungas tucumano-boliviano. Cuenta con: 808 especies de flora y 406 de fauna; se destacan el jucumari, el puma, el ciervo, la pava cara roja, peces, etc. y plantas maderables de interés forestal y botánico. También hay ruinas de las misiones jesuíticas y dominicanas.

La biodiversidad proporciona recursos genéticos de plantas, animales y microorganismos para la producción de alimentos y la productividad agrícola. Hace posible la cadena nutricional. Provee servicios esenciales al ecosistema, como la fertilización del suelo, el reciclaje de los nutrientes, la regulación del clima, de plagas y control de la erosión. La pérdida y degradación de los hábitats conduce a la extinción de plantas, animales y del hombre.

La incipiente conciencia conservacionista de hoy, la inversión de valores, la explosión demográfica, la creciente demanda de energía y recursos naturales, la globalización económica, la pérdida de la identidad cultural de pueblos ancestrales, la centralización de la información y su difícil acceso, la desigual propagación de las innovaciones, dibujan una imagen complicada de las perspectivas del medio ambiente.

En junio de 2015, el Gobierno de Bolivia, contraviniendo la Constitución que, entre sus artículos contempla la protección de la Madre Tierra y la consulta previa para afectar áreas protegidas, dio a conocer los nuevos decretos que autorizan a empresas petroleras a realizar trabajos de exploración y explotación de hidrocarburos en toda el área subandina. En dichas zonas geográficas están ubicadas las áreas protegidas y parques nacionales, como la reserva de Tariquía; Itau; parque nacional y área natural de manejo integrado Aguarague; parques nacionales Amboró; Carrasco; Tipnis; Pilón Laja; Madidi. El desarrollo económico dese- quilibrado tiene un alto costo ambiental y social.

“La protección de nuestra biodiversidad asegura el porvenir de las generaciones futuras”. Por lo tanto opino: no vale la pena que por unos cuantos barriles de petróleo destruyamos la reserva natural de Tariquia.