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OPINIÓN

Te conozco, mascarilla

Oso Mier 27/5/2020 03:00

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Pensé que solo en las películas de ciencia ficción iba a ver mi realidad encapsulada y a mi gente enmascarada. Hace 77 días estoy bajo llave sin asomar ni la nariz a la puerta porque el bicho del corona ese está en todas partes. Ya sé a hacer pan, hice un curso de manualidades on line y ahora estoy haciéndome una chompa a croché para defenderme de los sures que vendrán.

De un de repente, mi ayer se ha vuelto en una quimera y mi futuro es más incierto que la fecha de las próximas elecciones.

No siempre fui feliz porque vivo con mi suegra, pero convengo que, pese a su yugo, por lo menos me llevaba al fútbol y tomábamos unas cervezas.
Hoy ella está costurando barbijos, porque la plata ya no nos alcanza y el barbijo será obligatorio para salir cuando la luz roja cambie a verde. Sabemos que no terminó acá el problema. A lo mejor recién empieza. 

¿Qué tiempo viviremos trabajando en nuestras pegas y circulando por la ciudad, con un barbijo pegado a la cara? Justo ahora que quería sorprender a mis amigos con un mostacho de los años veinte, voy a tener la mitad de mi angelical rostro cubierto.

¿Cómo podremos, por ejemplo, diferenciar a ladrones que entran a robar un banco, con gente común?

Por iniciativa propia, mucha gente está personificando sus barbijos. He visto diseños de lo más creativos, institucionales, partidarios y regionales. He visto también, que el barbijo no será nuestra arma de defensa, sino un toque que vaya con la moda. Hay damas que lucen barbijos que hacen juego con su ropa, con su cartera y sus zapatos.

Yo me conformaré con el barbijo que me toca. Eso sí, ya renuncié a uno porque era rosado con vivos blancos y, sin hablar mal de mi suegra, presumo que era de un viejo calzón que ella guardaba como recuerdo de su luna de miel.

De momento, no estamos saliendo en masa a las calles, pero el barbijo cumplirá otro rol. Nadie sabrá si estamos sonrientes, preocupados o emputados, pero todos estaremos un poco más cómodos porque no será contagiosa la cara de vergüenza que tenemos todos los bolivianos de vivir momentos de corrupción con dolor e incapacidad con luto.