Opinión

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Temporada de títeres

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Quizá sea el calentamiento o el virus chino, pero en la región han cundido los presidentes títeres.

Es difícil definir cuál es el caso extremo de este espectáculo de suplantación consentida de funciones.

Comencemos por casa. El títere boliviano acaba de hacer una desgarradora demostración de sumisión. Estuvo en las ceremonias de asunción del nuevo presidente de Perú mostrando que, de veras, él no es presidente, sino sólo el títere.

Tan claro fue el espectáculo que el protocolo peruano acató este especial caso de suplantación y puso al cocalero Morales en primera fila y al títere en la segunda, incluso para la foto oficial. Fue un detalle acordado entre los dos protocolos, el boliviano y el peruano. Nadie se confundió.

Eso de cuidar las apariencias es un escrúpulo que no va con esta tendencia moderna. Ahora, el mandante es uno y el títere es otro, con toda claridad.

Al fin y al cabo, el nuevo presidente peruano es títere también, como se demostró cuando quiso dar posesión a sus ministros, pero luego se impuso la lista del mandante, el dueño del partido que le prestó la sigla. Ahí se vio que al títere peruano le queda muy grande el sombrero y también el cargo.

Algo parecido había ocurrido en diciembre de 2020 en Bolivia, cuando el títere nombró un Alto Mando Militar y el cocalero, desde Bueno Aires, ordenó cambiarlo de inmediato. Puso a unos militares muy obedientes, sumisos y sin pizca de honor. Ahora se viene otro cambio que el títere deberá aceptar, referido a su gabinete de ministros.

Hace tiempo que nadie cuida las apariencias en este espectáculo de los mejores titiriteros de América latina.

Hay mujeres que están dando un espectáculo muy visible. Son vicepresidentes, pero manejan las cosas sin ningún miramiento. Se da en Argentina y en Nicaragua. En este último caso ocurre que ella es la esposa del títere y en el primero es una viuda. La nicaragüense maneja a su esposo como a un zombi. Y la argentina hace que el títere, para mostrar las jerarquías, diga tonteras con mucha regularidad.

En Venezuela hay otra vicepresidenta que se las trae. Ella vino a Bolivia para instruir que la represión no se detenga porque la palabra de orden en estas dictaduras es que no hay que aflojar. Es una venezolana calificada de terrorista por Estados Unidos.

El caso del títere cubano quizá merezca el podio, o la medalla de oro, porque ocurre que su mandante, su patrón, está muerto y tiene que acudir a su memoria, y a sus fotos, cuando le hace falta.

Unos motociclistas llevan fotos de Fidel Castro por las calles de La Habana para mostrar a los cubanos quién maneja al títere. Con esa demostración consigue el títere que ningún cubano se pregunte siquiera por qué están muriendo tantos generales, y sus cadáveres incinerados de inmediato. Y que olviden que no están autorizados a pescar, aunque vivan en una isla.

Temporada de títeres en la región.

Humberto Vacaflor Ganam - Recuerdos del Presente




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