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Todavía se puede controlar la epidemia

Joaquin Monasterio 26/5/2020 05:00

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Quienes manejan la Epidemiología y la Salud Pública, porque estudiaron y aprendieron de las emergencias durante los últimos 20 años, en Santa Cruz y Bolivia, saben que existe una relación dialéctica entre los daños ocasionados por las epidemias y las condiciones de existencia de la población, a través del conocimiento de la Triada Epidemiológica: agente, huésped y medio ambiente. El conocimiento de estas condiciones son determinantes no sólo para diseñar estrategias coherentes, sino también, y sobre todo, para descubrir las mejores opciones de solución a las crisis. 

En relación a la epidemia del coronavirus, es necesario recordar que cuando esta se inició sabíamos que se debían tomar recaudos antes de su llegada al país, como cerrar las fronteras, suspender clases en todos los niveles del sistema educativo, declarar alerta sanitaria con recomendaciones preventivas, como el lavado de manos, uso de alcohol en gel, barbijo protector y la asistencia a un centro de salud ante la aparición de síntomas, evitando la automedicación. Simultáneamente, la Gobernación ordenó, a través del SEDES, la preparación de ambientes adecuados para la internación de pacientes infectados y la adquisición de equipos de bioseguridad para protección de los trabajadores de salud, recaudos que se tomaron oportunamente.

Declarada la emergencia, ante los casos importados de Europa y EEUU, se debió aplicar el enfoque epidemiológico al análisis de la crisis, antes que pensar más en la seguridad que en la salud, aún sabiendo que nuestro sistema estaba moribundo por la desatención del desgobierno de los anteriores 14 años. Este enfoque consistía en evaluar los factores condicionantes que señalaban el riesgo inevitable, representado por la pobreza estructural de una mayoría de la población que no sabe de prevención en salud y es un factor de riesgo permanente. Es decir, no hubo educación para la salud ni reducción de la pobreza durante los 14 años de dictadura, por lo que el virus tenía el camino asegurado para difundirse rápidamente en el país. Si no había sustrato educativo para que la mayoría de la gente asuma medidas preventivas y especialmente el aislamiento (Quédate en Casa), base fundamental de la cuarentena, mal podíamos esperar que esta estrategia por sí sola fuera determinante para frenar la epidemia.

En el manejo de las epidemias de dengue, chikungunya, zika, influenza y la rabia canina, que en Santa Cruz fue exitoso, utilizamos la estrategia integrada que se resume en “el control de foco”, basada en una vigilancia epidemiológica constante, dirigida por el SEDES y la participación activa de la comunidad, logrando el control de las mismas. En el caso del Covid-19, su comportamiento es diferente porque no tiene vector, sin embargo, una vez desatado el contagio en progresión geométrica, y a sabiendas de nuestra deficitaria capacidad instalada en infraestructura, equipos y RRHH en el 3er nivel de atención, nuestros esfuerzos deben orientarse a contener la epidemia en el ámbito del primer nivel; es decir, desde los centros de salud, fortaleciendo su gestión con test diagnósticos, control de longevos, equipos de bioseguridad e incremento de personal capacitado. Para ello necesitamos recursos económicos suficientes y oportunos del Estado, principalmente del nivel central, y probablemente en menor cantidad que los requeridos para habilitar salas nuevas, UTI y compra de respiradores de alta complejidad.

En la misma línea, el control de la cuarentena debe realizarse con apoyo policial y militar, principalmente en la periferia urbana y provincias, por tener población de riesgo dependiente del trabajo informal para sobrevivir, por tanto con menor tolerancia a la contención social. Asimismo se podría apoyar a estas familias con alimentación solidaria, habilitándose también agencias de la banca para el pago de los bonos. 

De acuerdo con los datos actuales, la epidemia continúa en su curva ascendente, con notoria incidencia principalmente en Santa Cruz y Beni. No existen señales de que la situación mejore y tampoco se cree ya que la cuarentena deba prolongarse más, por el daño que está causando a la economía y la estabilidad política del país. Hay tiempo todavía para contener la epidemia en nuestra región y evitar el definitivo colapso del sistema de salud, el incremento de casos y fallecimientos. Debe haber sinceramiento entre las autoridades de los tres niveles de gobierno, para recuperar criterios técnicos en el enfoque de la crisis, frenar los brotes subversivos en los municipios manejados por el MAS y priorizar gastos e inversiones cubriendo necesidades apremiantes de la población más empobrecida del país, fortaleciendo el sistema de salud con ítems, hasta lograr el anhelado control de la epidemia.




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