Los más de cuarenta días de bloqueos iniciados por sectores sociales financiados por el narcotráfico todavía tienen al país en vilo.
La falta de liderazgos claros y representativos con verdadero dominio de las bases, con autoridad para que lo acordado en las mesas de negociaciones sea acatado por los movilizados, dificulta que los acuerdos reivindicativos alcanzados sean acuerdos de solución, y no se conviertan en una prolongación del conflicto al que no se ve un horizonte cercano de arreglo. El cansancio no es la solución; es la postergación del problema de fondo que arrastra la sociedad boliviana.
La infiltración del narcotráfico en las movilizaciones y en el aparato del Estado se está convirtiendo en la fuerza determinante del desenlace del conflicto, por eso titulaba mi anterior artículo “Esta batalla no la podemos perder”, y es que territorialmente los capos del Chapare iniciaron las movilizaciones enviando gente al altiplano para financiar y solventar el conflicto, bajo el principio “En La Paz se sube y en La Paz se cae”. Hoy en el altiplano se cansaron, vieron que era imposible derrocar un gobierno legalmente constituido, por la conciencia democrática del pueblo, por la marca de corrupción de los veinte años del MAS y porque los liderazgos que acompañaron a este proyecto político están manchados de corrupción, de narcotráfico y de todo lo ilegal.
A los que argumentan que “En La Paz se sube y en La Paz se cae” les digo que sin Santa Cruz y el oriente boliviano no se gobierna, ni se asegura la seguridad alimentaria del país, ni se tiene un país viable con su agenda radical y nostálgica de las épocas de los bolcheviques y de la dictadura de un proletariado inexistente.
Necesitamos respetar nuestra diversidad como fortaleza nacional porque pretender que una parte del país quiera imponer una hegemonía, sera inaceptable y desintegradora de nuestra patria, peor si está infiltrada de narcotráfico.
Hoy los bloqueos se están concentrando más en la ciudad de Cochabamba, en el altiplano lo sostienen los cuadros políticos formados militarmente que vienen del Chapare.
La tolerancia y vocación de diálogo del gobierno no debe ser confundido con falta de ejercicio de autoridad, ambos conceptos no son opuestos sino complementarios, no podemos confundir tolerancia con debilidad, con ausencia de normas; los bloqueos han matado gente, han humillado personas, han intentado dejar sin alimento a toda una población, eso es genocidio, está castigado en nuestra legislación y en la legislación internacional. La permisividad tiene un límite, la autoridad debe brindar seguridad, certidumbre de futuro, la autoridad se va construyendo a través de la coherencia; el diálogo efectivo es cuando dos escuchan, cuando se cumple lo acordado, cuando se respetan las necesidades de los otros. La tolerancia no puede convertirse en desorden.
Estamos pasando a otra etapa del conflicto, ya no disimulan sus afanes conspirativos, ya están llamando a superar en el tiempo y en la crueldad el cerco de Tupac Katari y Bartolina Sisa, toman como ejemplo una medida de protesta premoderna y cruel, cuando la sociedad democrática de Bolivia pide trabajar, producir, exportar, vivir el día a día, sobrevivir con su esfuerzo.
Estoy seguro de que esta batalla no la ganarán por los factores nacionales e internacionales desfavorables, pero le están quitando el horizonte de largo plazo al gobierno si es que no hay una reacción rápida y un entendimiento a profundidad del enemigo que enfrentamos como sociedad.
Estamos a tiempo todavía pero necesitamos tomar decisiones firmes para proteger la vida, el trabajo, la salud y el sano desarrollo de nuestra sociedad.
(*) Guido Áñez Moscoso es exministro