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Tozudez, antes que ignorancia

Maggy Talavera 20/9/2020 05:00

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Hace solo unos días compartí con algunos amigos la desazón que me provocaba el ver el curso tomado por los actores políticos en este periodo de transición, marcado por la rebelión ciudadana, la huida de Evo Morales y la caída de su gobierno, y por el proceso electoral trastocado por la pandemia del Covid-19.

“Parece que acaban de nacer”, dije y añadí: “Actúan como si ignoraran todo lo ocurrido en el país hasta 2019”. Por eso luego andan reclamando que “¡no puede ser que el MAS siga encabezando las encuestas sobre intención de voto!”, reclamos que siguen al hilo con una repentina recuperación de la memoria que los hace listar todos los delitos cometidos en 14 años de gobierno.

En realidad, no es ignorancia. Ya lo dije antes y repito hoy: a estas alturas del partido, ni uno solo de todos esos actores políticos puede alegar ignorancia del pasado reciente; y menos aún, decirse sorprendidos por las cifras que reflejan las encuestas, más allá de las apreciaciones más subjetivas que objetivas que ésas les provocan. 

Catorce años no han pasado en vano para una cúpula masista que sabía bien qué quería, que nunca ocultó su vocación de poder absoluto, ni disfrazó las tácticas y estrategias que estaba dispuesta a poner en práctica para conseguir sus propósitos. O sea, de ignorancia, nada.

Es tozudez, no ignorancia. Una tozudez que nace de la ausencia de un verdadero proyecto político y democrático, en el que el tan mencionado bien común o la desgastada promesa de defender el interés nacional fueran mucho más que apenas palabras vacías. 

Ya lo vimos en cada uno de los últimos procesos electorales, particularmente en el que vivimos el año pasado. Y lo estamos volviendo a ver ahora, en este nuevo y preocupante proceso electoral marcado por el miedo que provoca la emergencia sanitaria, pero sobre todo por el pánico al que apuestan las diferentes fuerzas políticas, con su artera fragmentación, de una parte, y el criminal énfasis puesto en la polarización radical, de otra parte.

En este escenario no se salva nadie, ninguno de los actores políticos. No es apenas el MAS el que debe estar en la mira de la ciudadanía, sino todos y cada uno de los que se sitúan (al menos en el discurso) en la vereda opuesta al masismo. 

De hecho, con tantos frentes listos para disputar nuestro voto el 18 de octubre, no hay uno que esté libre de críticas. Aunque, claro, ninguno de ellos está dispuesto a admitirlo. 

Ni siquiera en la derrota, tal como lo acabamos de ver en la renuncia de la presidenta Áñez a su candidatura por Juntos. Un paso al costado que muchos valoran con el acostumbrado “más vale tarde que nunca”, pero evitando poner el dedo en la llaga, que bien podría traducirse también en otro dicho no menos común: en la tardanza estuvo el peligro. O el daño, irreversible.

A pesar de que muchos aun insistirán en que estaba en su derecho de ser candidata, lo cierto es que el sentido común apuntaba en sentido contrario: nunca debió ceder a la tentación (o presión, como sugirió ella) de candidatearse estando en ejercicio de una presidencia que le demandaba un rol excepcional en esta transición histórica. 

El saldo es negativo, para ella en lo personal, pero sobre todo para el país. Ese paso en falso nos ha dejado heridas difíciles de curar y una deuda que está lejos de ser saldada. Qué pena, presidenta, por usted, pero también por Bolivia. Lo más triste es que la carga del error recaerá sobre todo en ella, mientras que se librarán de culpa quienes la llevaron a él.

Tozudez y no ignorancia que sigue siendo la marca de los que aún están en carrera, tanto de quienes ya se sienten vencedores (como Mesa, que insiste hasta hoy en negar el peso del “voto útil” en los resultados que logró en octubre del año pasado), como de quienes apuestan a una mayor confrontación para ganar réditos de los extremos (como es el caso de Camacho, que solo ha librado a Tuto de sus ataques), o de quienes no se cansan de las estrategias del terror (como lo hace Arce y el MAS aludiendo al “peligro” que representa Camacho), incluyendo aquí los absurdos de otros que creen que la política se define en Tik-Tok (Chi, entre otros) o únicamente desde la buena oratoria (como lo hace Tuto).

Estamos frente a un escenario caótico, marcado no solo por el comportamiento de un virus invisible e imprevisible como es el Covid-19, sino por este otro mal endémico que es la tozudez de nuestros políticos. Hoy, como siempre o tal vez más que nunca, es vital que desde nuestro específico lugar y rol ciudadano seamos capaces de tomar distancia de esa tozudez, y redoblemos más bien nuestra capacidad de reflexión para poder tomar el próximo 18 de octubre la mejor decisión posible frente a las urnas.