Opinión

Tragedias en la jungla urbana

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11 de abril de 2017, 4:00 AM
11 de abril de 2017, 4:00 AM

Desde hace tiempo venimos criticando el genocidio producido en los caminos bolivianos por factores negativos que podrían ser eliminados si la autoridad así lo decide, tales como malas carreteras, ausencia de Policía caminera, falta de controles de alcoholemia y drogas, pésima señalización, etcétera. Ahora llegó el momento de ver cómo se puede evitar (o minimizar) otro cúmulo de tragedias que ocurren en esta jungla urbana que hoy es Santa Cruz de la Sierra. 

Estos últimos días han sido dramáticos, con varios niños tristemente arrollados por imprudentes conductores, entre ellos uno que huyó cobardemente sin brindarle auxilio a la criatura agonizante. Hay también algo de culpa en padres o responsables de esos desafortunados menores, quienes a veces -por atender su celular o conversar- se distraen, dejan solo al infante y ahí viene el minuto fatal. Un niño debe estar sujeto todo el tiempo a la vigilancia de sus padres o responsables, esa es la única manera de evitar desgracias. Hace falta, además, una buena dosis de educación en materia preventiva.

En la gama de desastres urbanos ingresa el tema motocicletas; son conducidas con imprudencia, muchas veces sin casco y transportando criaturas en brazos o a horcajadas. Ya hubo trágicas muertes múltiples, objeto por pocos días de algo de atención para luego quedar en el olvido. Pasa la noticia, alguien dice que se “controlará” y nada más. Otros muchos hablan por celular al conducir. Se ha probado que esa dañina práctica es tan o más peligrosa que conducir ebrio y, sin embargo, mucha gente persiste en su manía irracional. Se mencionaron multas, acá tampoco pasó nada.

Por falta de control, la caótica jungla urbana cruceña está cada vez peor. Las cámaras a instalarse en puntos estratégicos tal vez produzcan efecto. Ojalá así sea, aunque esa tecnología llega atrasada, ya tiene 40 años de aplicación. Lo más importante será el control preventivo y, ante una falta evidente, aplicar la multa de inmediato. Solo así la gente comenzará a portarse de otra manera. Queda el tema de los ‘desistimientos’, donde el causante del accidente entrega fondos y acuerda por separado con la víctima o familias. En casos de barbarie criminal (como no atender al pisoteado y fugarse), la Fiscalía debería actuar de oficio y por encima de cualquier desistimiento penalizar con severidad a quien realizó la delictiva acción y publicitar su nombre e imagen, para que así la ciudadanía tome recaudos. No cabe ninguna impunidad, menos aún la del dinero  

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