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La Gobernación de Santa Cruz dice que las dosis que dejó el Gobierno nacional para este departamento se acaban en los próximos cinco días; desde La Paz, el Ministerio de Salud afirma que Santa Cruz aplicó solo el 57,9 por ciento de las vacunas en primera dosis que recibió y que por tanto aún tiene muchas dosis disponibles. ¿Quién dice la verdad? Ambas declaraciones provienen de autoridades, pero las informaciones que dan son contradictorias. ¿A quién hay que creer?

Los responsables del Servicio Departamental de Salud (Sedes) de Santa Cruz afirman que las dosis que estaban destinadas al personal de salud se han llevado a las poblaciones fronterizas con Brasil.

Pero incluso para la provincia Germán Bush, fronteriza con el país atacado por la cepa amazónica del coronavirus, hay un déficit de 47.000 vacunas, según el Sedes.

Aparte de eso, Santa Cruz no recibió ni una sola vacuna del lote de 228.000 dosis de AstraZeneca que envió de manera gratuita el mecanismo Covax y que llegaron al país el 21 de marzo. Es decir, el departamento más golpeado por el Covid-19 fue excluido en la distribución de este lote de manera inexplicable.

Desde La Paz, la viceministra de Promoción, Vigilancia Epidemiológica y Medicina Tradicional, María Renée Castro, asegura que Santa Cruz aún tiene suficientes vacunas y apoya su afirmación en los propios datos del Sedes cruceño.

A nivel nacional se entregaron 500.000 dosis de vacuna, la mitad corresponde a la primera dosis y la otra mitad a la segunda dosis.

Según la página gubernamental Bolivia Segura, 180.484 personas fueron vacunadas con la primera dosis, y 95.326 con la segunda.

La administración de la vacuna contra el virus se está haciendo de manera desordenada y poco transparente en el país. El hecho de que la llegada al país del inmunizante sea en lotes pequeños y en tiempos indefinidos debiera ser precisamente uno de los motivos para mantener bien informada a la población de las cantidades que se entregan a las regiones y del avance de la vacunación en cada departamento.

Si el país aprendió a contar e informar cada noche el número de nuevos contagios, el número de fallecidos y de recuperados, ahora también debiera utilizarse ese mecanismo para que se conozca con exactitud el número diario de vacunación con la primera y segunda dosis en cada departamento, ciudad y provincia, así como el saldo restante en una aritmética simple que debiera sumar transparencia en el manejo de los inyectables.

El otro problema serio de la vacunación boliviana es la lentitud del proceso. Siguiendo el ritmo actual, Bolivia terminará de vacunar a los 7,2 millones de ciudadanos que hoy tienen edad para recibir el inmunizante en nada menos que 2.353 días, esto es 6,5 años.

El cálculo es simple y se hace con regla de tres: si en 59 días desde el 30 de enero se vacunó a 180.484 personas, para vacunar a 7.200.000 ciudadanos se precisan 2.353 días. Se dirá que no es así, que el país tiene experiencia en vacunaciones más rápidas. Es posible, pero se escribe lo que se ve. Y lo que se observa con la vacuna del Covid-19 es exactamente esa lentitud donde los números no mienten.

Hay tropiezos en la aplicación de la vacuna. Quizá lo más aconsejable sería pedir asesoramiento al Gobierno del vecino Chile, que comenzó a inyectar cuatro días después que Bolivia y hasta ayer llevaba más de 6,3 millones de personas vacunadas, de las cuales más de la mitad ya recibió las dos dosis y la otra mitad recibirá el complemento en las próximas tres semanas. Chile lleva además la cuenta de manera transparente, precisa, vacuna a vacuna, minuto a minuto de forma ordenada y pública a través de páginas de internet. ¿Tendrá el Gobierno el detalle de aprender de la experiencia chilena e incluso de pedir asesoramiento?



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