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Santa Cruz ha recibido a los primeros cuatro pacientes graves de Covid-19 derivados desde ciudades fronterizas de Beni, donde se estima que ya ingresó la temida cepa brasileña del virus, que es más contagiosa, acelera el proceso de deterioro de los pulmones y provoca muertes más aceleradas.

Como era previsible, la capacidad hospitalaria ha sido rebasada en el departamento de Beni, particularmente en los servicios de terapia intensiva; y al no quedar espacios disponibles se ha trasladado a pacientes a Santa Cruz, como probablemente continuará ocurriendo en los próximos días.

Primero colapsaron Guayaramerín y Riberalta, después Trinidad, que solo tiene cinco unidades de terapia intensiva. Y ahora también el domo de terapia covid de la Caja Nacional de Salud de Santa Cruz ha llegado a su límite de 100 por ciento de ocupación. Ayer se aumentaron tres camas, se prevé sumar otras 30 camas y posteriormente se dispondrá del hospital central, que actualmente se destina a la atención de otras patologías diferentes a la del Coronavirus.

Santa Cruz tiene la mejor infraestructura hospitalaria del país y por tanto es la que más recibe enfermos de otras regiones; sin embargo, también es la más afectada por la pandemia: si hay una región donde el virus ha atacado con mayor rigor en el país, es Santa Cruz; aquí está concentrado el mayor número de casos de Covid-19 del país.

Las autoridades departamentales de salud hicieron notar que pese a ser el departamento más vulnerable, Santa Cruz es el que menos vacunas recibe en la distribución que administra el Gobierno central, en proporción a su población.

De hecho, doce días después del arribo de 228.000 dosis de la vacuna de AstraZeneca del mecanismo Covax, a Santa Cruz no ha llegado ni uno solo de esos inmunizantes.

Es una paradoja absurda que el país esté sufriendo una nueva ola de la pandemia, esta vez aparentemente con la incidencia de la cepa amazónica, y sin embargo tiene lotes de vacunas sin distribuir guardados en La Paz.

La lentitud en la organización de la distribución de las vacunas es la prueba de que el Gobierno no está administrando de la mejor forma la pandemia. En una situación de emergencia como la que está atravesando el país, las vacunas que llegan por lotes desde el exterior debieran distribuirse el mismo día que arriban a los aeropuertos. No hacerlo es una muestra de ineficiencia y falta de planificación de las autoridades nacionales de salud.

Mientras tanto, el presidente Luis Arce sigue en campaña. Coincidentemente con el pedido que hace pocos días hacía el jefe del MAS, Evo Morales, para que Arce y el vicepresidente David Choquehuanca salgan a hacer campaña por su partido con miras a la segunda vuelta en algunas regiones, el mandatario estuvo ayer en la población de Zudáñez, en Chuquisaca.

Allí, Arce volvió a repetir aquello de que las vacunas se entregarán a los gobernadores que ‘coordinen’ -léase gobernadores masistas- con el Gobierno nacional, olvidando una vez más que el acceso a las vacunas es un derecho de todos los bolivianos y regiones, sin importar su preferencia electoral. En todo caso, si de coordinar se trata, habría que preguntar al Ministerio de Salud por qué pasa por encima del Sedes cruceño cuando se trata de definir acciones en los municipios cercanos a la frontera. Condicionar la entrega de vacunas a regiones gobernadas por militantes del Movimiento al Socialismo no es solo inmoral, sino una vulneración del elemental derecho a la vida, que es igual para todos.



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