Opinión

Triada de huérfanos

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9 de julio de 2017, 4:00 AM
9 de julio de 2017, 4:00 AM

Salud, educación y justicia en Bolivia forman una triada que tiene al menos dos cosas en común: comparten la categoría de ser derechos fundamentales de las personas, tal como los consagra nuestra Constitución, pero en los hechos son tres servicios confinados a otra categoría completamente ajena a la primera, más cercana a la de huérfanos o parias. Esta semana que concluye ha sido especialmente pródiga en casos lacerantes que, ojalá, sean lo suficientemente poderosos para provocar cambios que vayan más allá del escándalo.

El primer y más impactante caso se dio en el ámbito judicial: un joven fue condenado a 30 años de cárcel, sin derecho a indulto, por un feminicidio del que se comprobó hoy que no fue autor. Fiscales y jueces lo condenaron, ignorando datos levantados en las diligencias de policía judicial. Violaron el principio de objetividad y no se ciñeron a la verdad histórica y material de los hechos. Solo la reciente detención del autor verdadero del feminicidio salvó al primero de purgar una condena por un delito que nunca cometió.

También en la justicia se denunció otro hecho grave: una juez obligó a una niña a un careo con el acusado de violarla, en presencia de una defensora pública que fue incapaz de evitar el atropello. En ambos casos, la repercusión en los medios obligó a autoridades superiores a intervenir con demandas y acciones para castigar a los responsables de los abusos. Pero no basta. Las violaciones suceden a diario, a vista y paciencia de autoridades y profesionales que sacan provecho económico a un sistema perverso que parece sin fin.

En salud también hubo casos que deberían llamar la atención. Enfermos abandonados a su suerte porque no tienen dinero para cubrir costo de internación, cirugía y tratamiento médico, y a los que no les queda otro recurso que el de movilizar a familiares y amigos en kermeses y rifas para recaudar fondos que nunca resultan suficientes. ¿Y en educación? Lo mismo. Un joven cochabambino apeló a redes sociales para lograr apoyo económico y cubrir gastos de viaje a Teherán, donde espera ganar un torneo como programador.

En cada caso está ausente el Estado, y debería estar presente, dando garantías para el ejercicio pleno de esos tres derechos. No es por falta de plata, ya lo sabemos, así que no permitamos que nos las sigan charlando. Hay dinero, solo que sigue siendo malgastado por quienes usufructúan de lo público como si fuera bien propio. La idea y el sentido de bien común están ausentes en sus agendas. 

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