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15 de septiembre de 2017, 4:00 AM
15 de septiembre de 2017, 4:00 AM

¿Confían los jugadores en árbitros que manifiestan su predilección por una de las divisas en disputa? ¿Qué pensará un arquero si sabe que el réferi es simpatizante de su contrincante? ¿Cómo reaccionarán los integrantes de un seleccionado nacional si conocen que también los ayudantes de campo pertenecen, con más o menos intensidad, a uno de los países que quiere ganar la copa?

El equilibrio, el apego a la normativa por encima de toda preferencia, el comportamiento correcto, analizando el asunto y no a las personas amigas o enemigas, son desafíos difíciles. Es frecuente que los jueces destinados a tratar un tema se inclinen por sus propios intereses económicos, gremiales, políticos, ideológicos o simplemente prefieran la sumisión para evitar sanciones o castigos de un todopoderoso.
El peor Tribunal Supremo Electoral del Estado Plurinacional de Bolivia tuvo la marca del estilo de Wilma Velasco. El tribuno Ramiro Paredes bailando con un grupo de masistas fue solo una foto simbólica del nivel académico y ciudadano de la Corte elegida por los parlamentarios del propio Movimiento Al Socialismo. A propósito, no se han difundido los avances, o resultados si ya los hay, de los procesos que debería seguir el TSE a Velasco, a sus colaboradores y a otros de las cortes departamentales, denunciados entre ellos mismos, por diferentes delitos electorales.

El actual TSE está todavía muy lejos de conseguir la confianza ciudadana, a pesar de intentos aislados, porque no logra desprenderse del tinte azul. Por ejemplo, la revista oficial Andamio, que dirige el tribuno José Luis Exeni, tiene entre sus colaboradores a analistas que han opinado frecuentemente a favor o en defensa del MAS y, sobre todo, del presidente Evo Morales y del ‘proceso de cambio’. Incluso una investigadora que también trabaja en la Vicepresidencia de la República. Encabeza 
el consejo editorial el profesor de Exeni y defensor acérrimo de Nicolás Maduro, Buenaventura de Souza Santos. Se refiere en una de sus 
notas a la paz neoliberal en Colombia; ¿por qué semejante opinión 
en una publicación oficial del TSE boliviano?

¿Por qué el vocal Antonio Costas se apresura a cerrar el paso a la campaña opositora? ¿Por qué no hizo lo mismo cuando el aparato estatal se movió por el Sí en 2016? No lo escuchamos ser tan firme para evitar que, encabezados por los mandatarios, los funcionarios participen en el proselitismo.

Por ello persiste el temor de alguna movida electrónica, como en Venezuela, para esconder la paliza del voto nulo el próximo 3 de diciembre. 

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