Opinión

Triste servilismo policial a un Gobierno

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29 de noviembre de 2018, 4:00 AM
29 de noviembre de 2018, 4:00 AM

Hay pocos antecedentes de una conducta tan servil de autoridades policiales a un Gobierno en la etapa democrática de Bolivia. Los principales antecedentes de una sumisión tan peligrosa para la convivencia ciudadana corresponden a periodos dictatoriales del pasado. El rol constitucional de la Policía es defender al Estado y a sus ciudadanos y no apoyar incondicionalmente a un Gobierno en acciones de combate a sus opositores. Lamentablemente, han aparecido en los últimos tiempos evidencias que comprometen a los conductores de una institución tan importante en un vergonzoso servilismo, que no solo indigna a la población, sino que, seguramente, a los buenos policías que aman su vocación y que deben ser muchos.

El último indicio de la decadencia de algunos miembros de la cúpula policial es la grabación de un audio filtrado a la opinión pública, posiblemente desde dentro de la institución, y que no ha sido desmentido por el comandante nacional. Al contrario, la autoridad se ha enredado en una explicación tensa sobre la presunta maniobra de una unidad de monitoreo de redes sociales para “neutralizar” o “reducir” la influencia de periodistas, políticos y activistas de la derecha que “desinforman” para afectar negativamente el “proceso de cambio” del MAS. No acaba ahí el sorprendente monólogo grabado que correspondería a un jefe policial. En él se revela que la unidad ha creado más de 80 cuentas en las redes sociales para “interactuar” e “interceptar” los mensajes de “influencers” opositores. En el audio, también se escucha mencionar la producción de memes y de videos para contrarrestar la información que perjudica al “proceso de cambio”, ya que no hay otra posibilidad técnica de intervenir en el ciberespacio.

La respuesta del comandante de la Policía a tan graves revelaciones ha sido penosa. La autoridad optó por la victimización, al argumentar que el audio ha sido editado, manipulado y distribuido por malos policías para afectar el proceso interno anual de ascenso al generalato. Su argumento desgraciadamente elude el problema estructural de la alarmante sumisión política de los mandos policiales. Es cierto que la Policía no debe dar la espalda a las redes sociales, pero su accionar en ellas se tiene que enfocar en la difusión de acciones preventivas o de lucha contra la delincuencia, pero de ninguna manera en el activismo político favorable a un Gobierno.

No podemos tener una Policía que gaste sus limitadas energías y recursos en la vigilancia digital de los internautas que incomodan al poder. No podemos tener un comandante que no se ruboriza cuando ofrece públicamente sus filas para apoyar a un partido político. De esta decadencia no son solo responsables los conductores de la institución. Ellos son también víctimas de un aparato que decidió hace tiempo perforar y someter a la institucionalidad a un proyecto de poder interminable. Triste presente de la democracia.

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