¿La política tradicional ha muerto en la era digital? Según los investigadores de la política, hoy, el poder ya no se disputa únicamente en los grandes mítines de plaza pública ni en los despachos cerrados de los partidos; hoy, la supervivencia de cualquier liderazgo depende de una triple frontera indisoluble conocida como el modelo TRT: Televisión, Red y Territorio. Esta fórmula tridimensional redefine las reglas del juego democrático y transforma la comunicación en la estructura misma del poder. Mamén Saavedra lo hizo. ¿Sabiendo o sin darse cuenta? No sabemos, lo cierto es que, con esta nueva forma de hacer política, obtuvo que 7 de cada 10 cruceños votaran por él y que los transeúntes paceños también quieran sacarse fotos cuando fue a La Paz. No es chiste. Para comprender el escenario político actual, es necesario desglosar cómo operan estos tres pilares de forma simultánea, según los investigadores actuales de los sistemas políticos (Luca Morisi, Gilles Ivaldi, Antonis Galanopoulos y otros). Vamos a tratar de sintetizar lo mencionado:
La televisión: Es verdad que solo la pantalla tradicional ya no dicta la agenda política como en el pasado, pero conserva un rol crucial: otorga estatus y validación institucional. Un candidato puede ser masivo en internet, pero el debate televisado o la entrevista en el horario de máxima audiencia siguen construyendo la percepción de “elegible” o “presidenciable” ante el electorado general.
La Red de internet: Las redes sociales (TikTok, X, Instagram, Facebook) son el sistema nervioso de las campañas modernas. Aquí no se busca el consenso, sino la emoción instantánea, que un mensaje se haga viral y se polarice estratégicamente. La red permite fragmentar los mensajes para hablarle directamente a las expectativas individuales de cada votante, convirtiendo algoritmos en fábricas de militancia digital (miles o millones de “simpatizantes”). Casi todos los mensajes de Mamén se hacían virales.
Territorio: En esta nueva forma de hacer política, dicen los expertos, que muchos de los que usan internet como instrumento de campaña, creen que los “likes” de simpatizantes de alguna postura en las redes sociales, se traducen automáticamente en votos. No es así. El territorio, es decir el puerta a puerta, los mercados, las calles, el contacto directo con la gente, son los factores donde la simpatía digital se materializa en organización real. Sin una estructura física que movilice, cuide el voto en las urnas y escuche el descontento cara a cara, cualquier fenómeno digital corre el riesgo de evaporarse el día de la elección. Mamén llevó, muy inteligentemente, el internet al contacto físico con la gente. Eso marcó su territorio integrando, además, regiones, clases sociales, barrios, diferencias culturales y simpatías de todo tipo porque además desnudó un tema por demás importantísimo: la corrupción.
También dicen los estudiosos del tema, que la verdadera innovación de la política contemporánea no radica en usar estas tres herramientas de manera aislada, sino en su convergencia absoluta. Un candidato ya no camina el territorio solo para hablar con los vecinos; lo hace para generar un video vertical de quince segundos que se viralizará en la Red, el cual, posteriormente, será discutido por los analistas en un plató de Televisión. Creo que en el caso de Mamén no se cumplió esta etapa, pero me imagino que lo haría en una escenario nacional, no solo local o regional.
Este ciclo continuo, según los politólogos actualizados, borra las fronteras entre el ciudadano digital y el ciudadano de a pie. Quien domina el modelo TRT debe entender que la política actual es un producto transmedia. El relato debería ser coherente tanto en el barro de la calle como en el brillo del estudio de televisión y el flujo caótico del muro de X, Facebook o TikTok.
Por supuesto, aparecen nuevos “peros”. Este nuevo sistema plantea un dilema profundo. La hiperconectividad y la dependencia del impacto rápido penalizan el debate programático y premian el espectáculo. La gestión pública se arriesga a convertirse en una campaña permanente donde importa más el encuadre de la cámara que la viabilidad de una reforma económica o social, o inclusive la ideología. Pero, otra vez, parece que el modelo TRT llegó para quedarse porque refleja la sociedad fragmentada y acelerada en la que vivimos. Los políticos que ignoren uno de estos tres pilares (TRT) están condenados a la irrelevancia; los ciudadanos, por nuestra parte, estamos obligados a aprender a leer entre estas tres pantallas si queremos evitar que la democracia se convierta en un simple decorado multimedia.
(*) Franklin E. Alcaraz Del C. es médico, investigador y escritor