Opinión

Tu muerte no será en vano

Carlos Dabdoub Arrien 26/7/2020 03:00

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En la mitología del mundo occidental se describen leyendas asombrosas, cubiertas de valor y de gloria. También en la historia moderna de un país o de una región cualquiera, siempre encontraremos en sus páginas el nombre de ilustres personalidades o héroes, que se convierten en íconos para las futuras generaciones. Santa Cruz no escapa a esta regla de oro. En efecto, esta tierra grigotana en sus 459 años de existencia mantiene la reminiscencia de aquellos hombres o mujeres que simbolizan el valor o la dignidad de su gente, y que dan un suspiro de sano orgullo a los habitantes que viven en ella.

Desde la fundación de Santa Cruz de la Sierra, ciertamente existen muchas de estas ilustres figuras. No hay que dudarlo. Sin embargo, en estos momentos de congoja que aflige de un modo especial al pueblo cruceño por el fallecimiento de casi un millar de personas, tomo la posta para evocar a algunos héroes y heroínas que son emblemas que nos alumbran el futuro.

De mujeres, me vienen a la memoria Elvira de Mendoza, esposa del fundador Ñuflo de Chaves, que vivió la proeza por encontrar El Dorado, y que fue combativa, enfrentando a propios y extraños. Ana Barba al igual que Panchita López o Ignacia Zeballos, luchando por la independencia o defendiendo la patria en la guerra del Pacífico. Iuaparesa es un símbolo de la intrepidez, arrojo y lealtad de la mujer indígena de estas llanuras orientales. Mercedes Rivero, quien acompañó a su esposo Tristán Roca -autor de la bandera cruceña-, en su destierro hasta su muerte. Elffy Albrecht, encabeza la lista de muchas defensoras del 11% de las regalías en los años 50’ del siglo pasado.   

Del mismo modo, nombrar a Andrés Ibáñez es encarnar la lucha por el federalismo y el derecho a ser todos iguales. Recordar a Germán Busch, Melchor Pinto, Carlos Valverde u Hormando Vaca Díez es hablar de luchadores incansables por el desarrollo de Santa Cruz y del país, así como Noel Kempff Mercado, es la figura emblemática de la defensa de la naturaleza y mártir del narcotráfico.

A este sucinto inventario se suma la efigie de un valiente luchador que recientemente enfrentó a la muerte con el único designio de precautelar el bienestar de su pueblo. Sí señores, no se equivocan. Hablo de mi amigo, colega y fraterno Oscar Urenda Aguilera. Nadie como él, simboliza en estos momentos la entrega total de un servidor público al servicio de su comunidad. Hoy lo acompaña también otro guerrero, Roberto Tórrez Fernández, dos mártires por la salud.

Querido Oscar: fuiste todo un caballero y un gran amigo. Los Bacanes extrañaremos tu tertulia y tus canciones. En cada zamba, bolero o algún tango, que se canten los viernes de fraternidad, siempre estarás presente en nuestros corazones. Perpetuamente habrá una silla vacía en nuestra pequeña casa, que siempre fue y será el “templo de la amistad”. Recordaremos con nostalgia tus paellas y los callos a la madrileña que preparabas con tanto cariño. Al mismo tiempo, hoy todo un país se acongoja por tu partida. Muchos no te conocían, pero sabían de tus proezas, escucharon tu voz firme y serena y supieron de tu inmenso valor y arrojo al desafiar a este enemigo invisible.

De la misma manera que en el pasado otras vidas cambiaron la actitud de su comunidad, tu viaje eterno no puede ser en vano. Te lo aseguro. En honor a tu memoria y a Roberto Tórrez, cada hombre y cada mujer tendría que cumplir lo que cada noche nos aconsejaban: protegerse para proteger a los demás. Ese sería el honorable reconocimiento al sacrificio de dos paladines.

Te fuiste hermano, hoy pasas a nuestra historia como un guerrero, un Quijote, henchido de sueños e ilusiones. Sabemos que ahora estarás junto a Julico y Raúl, amigos de toda la vida que también se marcharon hace poco tiempo a causa de la misma enfermedad. Al lado de otros Bacanes que te antecedieron en la partida, con guitarra en mano, te pedimos que nos canten nuestro himno de toda la vida: “Bacán, bacán seré hasta el fin…...”.