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30 de noviembre de 2018, 4:00 AM
30 de noviembre de 2018, 4:00 AM

Tukabash; el tapacaré vuela altivo por la verde inmensidad de la Chiquitania, está a punto de llegar a un onírico valle, flanqueado por pétreas serranías en donde las rocas dieron origen a una flora rara y única. Así es, este mar verde alberga a uno de los bosques secos mejor conservados del mundo, en su seno se encuentran dos áreas protegidas municipales: Tucabaca y Paquió, las cuales se hallan en jaque por la deforestación y el exterminio. El sistema económico y proselitista del actual Gobierno ha incentivado en casi toda su gestión la toma –ilícita- de áreas protegidas nacionales. Pero ahora la figura ha cambiado ya que lo ilícito se ha mimetizado de legalidad, y bajo la tutela de instancias administrativas como el INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria) y la ABT (Autoridad Bosques y Tierras), que promueven y avalan los asentamientos, pretendiendo cambiar el actual uso de suelo (proteccionista) a una figura netamente agraria (extractivista). Al igual que una plaga de vermes, estos sindicatos organizados parasitan a las unidades de conservación y sistemáticamente las carcomen. El oscurantismo medieval que prima en su pensamiento deja sin efecto el gran valor ecológico, genético y ambiental que las áreas protegidas tienen.

El bosque seco chiquitano es una ecorregión con un área de 16.449.475H (60% de SCS), donde habitan tres pueblos indígenas (ayoreos, guarayos y bésiros), los cuales conviven armónicamente desde la prehispania. Dejando de lado el factor humano, este bosque cumple un rol hidrológico fundamental, ya que abastece de agua a la cuenca Amazónica (norte) y a la cuenca del Plata (sur), además que posibilita la formación del pantanal (PN San Matías y Otuquis). Los árboles de este bosque se caracterizan por perder parcialmente sus hojas (semideciduos) debido al marcado cambio estacional (lluvioso-seco) del lugar, siendo en cierta manera susceptibles al fuego que se da en la región.

Con respecto a los endemismos (organismos que solo viven en una region determinada), el bosque seco chiquitano posee 135 especies endémicas y, si tomamos en cuenta que dentro de la matriz del bosque existe vegetación sabanera del cerrado, la cual tiene 89 especies endémicas (compartiendo algunas). Lo cual genera 201 especies autóctonas en ambos ambientes, que tienen una estrecha relación ecológica, geográfica y dinámica. Algunas especies endémicas son Acanthaceae (Justicia adhaerens), Amaranthacea (Gomphrena cardenassi) Cactaceae (Frailea chiquitana), Asteraceae (Praxelis chiquitensis), Bromeliaceae (Pitcairnia chiquitana), Fabaceae (Arachis kempff-mercadoi). Gran parte de esta flora rara y única crece entre las rocas de los afloramientos rocosos (serranías de Chochís, sunsas, Roboré). El alto grado de endemismos que se halla en el bosque seco se debe a este tipo de ambientes rocosos (saxícolas), en donde predominan las especies de porte herbaceo.

En estos momentos la tierra está experimentado grandes olas de extinción propiciadas por la ambición humana y el debilitamiento de la biodiversidad a escala mundial es cada vez más frecuente. Qué pasará en un futuro si dejamos que la depredación y el saqueo sigan campeándose por nuestras áreas protegidas nacionales, departamentales y municipales, ¿acaso tendremos que resignarnos a perderlas y con ellas los servicios ambientales vitales para nuestra supervivencia?. Desde la serranía de Chochís, Tukabash divisa su hogar, un profundo valle en donde el verde se transmuta creando tonalidades y colores que se mezclan con el rosado de los toborochis o el amarillo de los tajibos, aquí vive Tukabash, aquí, la roca se quiebra por la semilla que brota…¡aún!

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