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1 de marzo de 2023, 4:00 AM
1 de marzo de 2023, 4:00 AM

Por Carlos F Toranzos Soria

Edificios colapsados, más de 60.000 muertos, más de 1.000.000 de despojados de lo básico. Los sobrevivientes con traumas de haber estado en la línea del terror. Cientos de miles de infantes despojados de familias, de parientes, de gente que pudiera velar por ellos y ellas.

Algún alma caritativa se ha hecho cargo de alguno, por ejemplo, una familia siria acaba de adoptar al bebe que ¡nació en las ruinas!

Una tragedia, evidentemente, una tragedia de magnitud y lamentablemente en países que o no cuentan con grandes recursos o que sufren la ignominia de sus miserias. Poco a poco nos olvidamos de las víctimas que siguen en pie y pensamos que, bueno al ser un acto de accidente natural, poco se puede hacer. Dejamos todo en manos de ONG, la Cruz Roja, los voluntarios y voluntarias de salvamento internacional que se hicieron presentes en el lugar a poco de saberse del terremoto. Sus actos heroicos son realmente impresionantes, trabajando de sol a sol, sin más equipo, en muchos casos, que sus manos. El silencio para escuchar posibles sobrevivientes, no solo es un silencio físico sino incluso humano, corazones que paran de latir para poder escuchar más claramente los gemidos tenues, tan tenues como un suspiro.

Y así se encontraron más personas a rescatar.

Pasaron las horas y las esperanzas de encontrar a alguien con vida se disipaban como la esperanza cuando hay un moribundo humano en alguna parte. Ya no hay chance de más supervivientes, sin embargo, muchos, muchísimos, siguen raspando los escombros y escuchando, enviando perros, que también callan ante la palabra de silencio. Y en esto un gemidito como un maullido de gato herido, un sonidito tan leve que apenas se reconoce como algo. Una voluntaria pega el oído sobre la masa de cemento, pide más silencio y todo el mundo calla, máquinas dejan de hacer ruido, nadie respira por segundos eternos. Sí, evidentemente puede ser un halo de esperanza. Lentamente, manos remueven cada piedra, cada escombro es depositado en el suelo como una joya carísima para no hacer ni un ruido.

Debajo de una muralla de hormigón una carita, un cuerpecito, una mano cubriendo y protegiendo otro cuerpecito. ¡Ambos vivos! La niña, de unos siete años protegiendo a su hermanito de unos tres, pide en voz desgarradora que les ayuden: “Seremos sus esclavos toda la vida, sálvennos por favor”, son sus primeras palabras.

El trabajo empieza, piedra, terrón, polvo sacado. Agua para los dos y la vida vuelve a sonreír en esos rostros devastados por toneladas de peso sobre sus almas.

¡Milagro!, ¡milagro! Otra vez las palabras, miradas al cielo. ¡Ala es grande!, ¡Dios Santo!, ¡Cristo!, ¡Jehová¡, ¡Buda y todos los santos del inmenso cielo sean alabados por permitir la vida de estas criaturas! Ahora todos siguen pensando, ¿habrá más? Sigamos entre el ruido leve de remover las rocas y polvo, sigue la esperanza renovada por una sonrisa, que además protegía a su hermano que, con una mano de hierro, ¡lo hizo vivir y ahora viven los dos!

Entre tanto, lo que les espera, nadie sabe ni lo sabrá jamás. Otra tragedia, lamentada y anotada como una más.

La reconstrucción de todo, cuando sea, ¡que llegue, que no se haga esperar! Que no sean los de siempre que vayan a apoyar a levantar piedra sobre piedra otra vez. Que ahora se comprometan los grandes a apoyar la reconstrucción de dos países, no, no, no. De tres, de cinco, de diez. ¿Acaso no está Europa dando plata a montones para las armas en Ucrania? Acaso no están felices hablando de más tanques y aviones y más dinero para evitar que el mundo se pierda debajo de una nube oscura de ¿sabe Dios qué? Tan rápidos para incentivar más muertes dando dinero y desafiándose unos a otros.

Los machos han mostrado otra vez su falo destructor, otra vez hacen muestra de que solo la valentía es la que arregla, los héroes son aquellos que han matado a más. Putin, virtuoso defensor de la vida, matando, Bush defensor de la vida, matando, Europa defensora de la vida matando. Ucrania víctima capaz de resistir poniendo a toda su gente en la guillotina de la guerra. Hablar, ja ja, ja, eso es de cobardes, solo se habla cuando se está en posición de poder doblegar, antes es una risa. Y Haití sigue solo como lo estará Turquía y Siria y Puerto Rico, en fin, todos los países que vivimos al borde de colapsos sociales o políticos.

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