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La escasez del fluido, los cambiantes precios internacionales y la falta de infraestructura y exploración, atentan contra uno de los principales negocios del planeta hoy, la energía y sus derivados.

En el marco de la agenda energética bilateral, los Gobiernos de Bolivia y Argentina suscribieron un acuerdo, que contempla la provisión diaria de 14 millones de metros cúbicos de gas diarios (MMmcd) entre los meses de mayo a septiembre a un precio promedio de $us 12,18 por millón de BTU. Esto con la particularidad de incorporar volúmenes adicionales hasta llegar a 18 MMmcd.

 En el mencionado periodo la demanda de gas en Argentina aumenta un 28%.
La firma de la sexta adenda al contrato entre Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y la también estatal Integración Energética Argentina Sociedad Anónima (Ieasa) se produce en un momento, no solo de convulsión externa importante en Europa, sino que, además, internamente, cabe mencionar que Bolivia redujo sustancialmente su capacidad de producción gasífera debido a la declinación de las reservas hidrocarburíferas por falta de inversión en el sector. Pero ante la demanda del vecino país, Bolivia subió los precios para compensar los riesgos de no poder vender lo que no se tiene e incumplir con los compromisos.

¿Podrá Bolivia cumplir con lo firmado? Analistas del sector expresaron su preocupación porque Bolivia no tiene la capacidad, en este momento, de hacerlo.

La producción actual de gas del país varía entre 43, 45 y 46 MMmcd. De ese volumen, aproximadamente 13 MMmcd van a mercado interno, 20 MMmcd a Brasil y hacia Argentina solo alcanzan 10 MMmcd o un poco más. La ecuación es complicada. Hay que darle posibilidad al campo Margarita X-10 y Boicobo Sur para generar un poco más, pero ni así alcanzaría para honrar la nueva adenda firmada con Argentina. ¿Entonces cómo hacer? La última carta es convencer y negociar con Brasil para que ceda parte de lo que le corresponde. Una triangulación con riesgos no solo económicos sino también políticos.

 Brasil aún dibuja sus números con la fe en Bolivia de que ceda unos 4 MMmcd de compra para darle margen en la negociación firmada el jueves en Buenos Aires.

 Argentina por su parte no puede elevar la producción de su propia industria, aunque tenga gas, por incapacidad en su infraestructura, por lo que presionará para hacer cumplir el pacto.

Otro de los puntos que llama la atención en este acuerdo es la intención de Argentina de finalizar el contrato antes de 2025. Si no hay adendas para revertir esto, el mercado con el vecino país se habría perdido y en ese caso se debiera conservar el de Brasil o buscar otras oportunidades en el vecindario. Hoy por hoy quien más cercano está de hacerlo es Perú. 

Otro acápite de incertidumbre es el acuerdo de oportunidades que consiste en que YPFB invertirá en Vaca Muerta (Neuquén), en vez de hacer las inversiones dentro de nuestro país. En el contexto energético y societario también se han comprometido a la cooperación en el desarrollo de los recursos del litio, quienes junto a Chile conforman un triángulo de países de enorme potencialidad mundial.

Ante la urgencia y los compromisos pactados, lo que Bolivia necesita es explorar más para hallar el deseado producto, porque dicen los que saben que, para aminorar la incertidumbre y no correr riesgos, no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo.

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