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El nuevo año que comienza hoy viene cargado de incertidumbres: nadie sabe en el mundo si la pandemia llegará a su fin o se reinventará con alguna nueva variante. Cuando todos creían que con las vacunas el problema quedaría superado, ocurrió que no todos quieren vacunarse y apareció Ómicron para batir todos los récords de contagios que se habían producido en los 24 meses del coronavirus, afectando incluso a quienes ya habían recibido la inmunidad.

Cuando apareció el virus, el 31 de diciembre de 2019, nadie imaginaba que se quedaría en el mundo por tiempo indefinido, ni que se convertiría en el asunto más relevante de las agendas de todos los países del mundo, ni que sería una larga pesadilla inesperada de la que aún no hemos despertado.

Hay quienes dicen que la aparición de Ómicron marcará el fin de la pandemia porque el virus comenzó a mutar hacia formas menos letales, aunque más contagiosas; otros estudios sostienen que las defensas que las vacunas dan a los organismos tienen efecto solo por seis meses, por lo cual nunca existiría la inmunidad del rebaño de la que alguna vez se hablaba. Se dice de todo, se sabe con certeza muy poco.

El 2022 que hoy comienza continuará teniendo al tema de la salud como la preocupación principal del país y del mundo. Por eso, si algo se puede desear en estas horas en que el mundo se carga de energías positivas para la nueva gestión, es que se acabe este drama humano llamado Covid-19, que las personas hagan conciencia de que gran parte de la victoria contra el virus está en sus manos, porque si se actúa con responsabilidad y prudencia, se puede evitar la rápida propagación.

Que la ciencia, en sus esfuerzos sin pausa, encuentre la manera de dar por finalizada la presencia del virus en el planeta y que todos volvamos a ocuparnos con prioridad y fuerza de todo aquello que dejamos de lado por cuidarnos de no contraer la enfermedad.

En lo político y social, el año que concluyó nos dejó a los bolivianos un sabor amargo de tristeza, desesperanza y frustración al ver que con el nuevo gobierno volvimos al país de la confrontación, el odio, la mezquindad, los intereses partidarios por encima de los de la gente, el avasallamiento de los derechos y la amenaza de un futuro aun peor.
Ojalá que algo cambie para que los bolivianos dejemos en el pasado esa lógica del enfrentamiento permanente, para levantar en alto una sola causa como la causa de todos, olvidando o respetando las diferencias, mirando un mismo norte, sin cuidarse de que el de a lado nos ponga la zancadilla.

Bolivia es una tierra rica y privilegiada que podría alcanzar una vida mejor para sus habitantes, si ellos mismos dejaran por un tiempo esa detestable vocación de conflicto. Que las buenas intenciones colectivas estén por encima de los caprichos de caudillos que le vienen haciendo mucho daño al país por décadas.

Hay mucho por hacer, tanto por construir, demasiado por crecer, que vivir confrontados e intentando aplastar al otro no solo es un hecho censurable y violatorio de los derechos de las personas, sino que va contra la más elemental lógica de llevar con responsabilidad el destino de la Patria a un mañana mejor, donde por lo menos exista paz entre los ciudadanos. Lo demás vendrá después.

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