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OPINIÓN

Un antes y un después del Cabildo

Carlos Dabdoub Arrien 8/10/2019 03:00

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Bien decía José Luis Roca (1979): “La historia de Bolivia no es la historia de la lucha de clases. Es más bien la historia de sus luchas regionales”. Fue así que tras la fundación de Bolivia, la riqueza de las minas de Potosí y el pensamiento académico de la Universidad en Charcas, determinaron que el epicentro político de este país se asiente en el sur, y cuya gravitación influiría prácticamente durante todo el siglo XIX.

Luego, el mayor desarrollo económico de La Paz acompañado de la caída de los precios internacionales del oro y la plata, más el peso demográfico de La Paz, fueron detonantes para que después de la guerra federal de 1898 -una farsa que la élite paceña y el partido liberal esgrimieron-, la sede de gobierno se traslade al sitio actual.

El poder central y sus decisiones se prolongarían más de 100 años, hasta el pasado viernes 4 de octubre, cuando considero que Santa Cruz tomó la posta, en el llamado “gran cabildo”. En efecto, dicha multitudinaria manifestación selló un hito nacional. La presencia de más de un millón de personas fue concluyente para afirmar que a partir de ahora, la agenda política del país la marcará esta región. Dicho de otra forma, en este siglo, desde Oriente, donde nace el sol, emerge un nuevo proyecto nacional, que sea profundamente democrático, sustentable y con una descentralización política administrativa más profunda.

Frente al agotamiento de un modelo de Estado, decimonónico y centralizador, Santa Cruz mostró hambre de cambio. Las iniciativas que fueron juramentadas, eran demandas globales, nacionales y locales, que frente a la indignación del pueblo, se decidió reinventar Bolivia. En un primer bloque, el respeto a la Constitución y las leyes, la independencia de los órganos del estado y el fortalecimiento de las instituciones, constituyen la base de un país diferente.

Un segundo tema estuvo referido a la tierra y a las comunidades del lugar. El desarrollo sostenible y sustentable evidencia una consciencia ecológica más participativa, además del respeto a los lugareños a tener una parcela, como un derecho natural. El último bloque guarda relación con el federalismo, una aspiración regional que tiene más de 100 años de existencia.

Dos opiniones más. Por un lado, la presencia masiva y mayoritaria de jóvenes en este encuentro, simbolizó que a partir de ahora la juventud se convierte en el nuevo guardián de la libertad, esencia del ser cruceño, y del cumplimiento de los compromisos del cabildo.

Además, la enorme convocatoria del Comité Cívico, demostró sin ninguna duda, que es la institución más importante de la sociedad civil boliviana.

Finalmente, algo que aun siendo subjetivo, es muy importante. Me refiero a esa emoción que quemaba nuestras venas, al ver cómo jóvenes, mayores, ancianos, mujeres y hombres, sin distinción de clase, caminaron unos al lado de otros, rumbo al Cristo Redentor. Así, rescatamos la autoestima y la confianza en un pueblo que siempre responde a las contingencias del momento.

Nos mancharon el verde de nuestra bandera. Como herida abierta, hoy queda en el recuerdo fauna y flora bajo las cenizas de cinco millones de hectáreas abrasadas. Sin embargo, nunca podrán arrebatar el blanco de nuestro jirón patrio, que representa la pureza, la hidalguía y la nobleza del cruceño, así como el patriotismo de un pueblo digno y valiente. ¡Santa Cruz sigue siendo imparable y será el que marcará a partir de ahora el rumbo de una Bolivia mejor y más unida! Se trata de un gran desafío para la región.