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30 de noviembre de 2018, 4:00 AM
30 de noviembre de 2018, 4:00 AM

“No sé pasar por un lugar sin que me importe por donde estoy pasando. Voy a defender esta camiseta siempre (...) Irme sin sentir que faltó algo, sería mediocre. Pero cada partido lo dejé todo (...) Prohibido desistir y que viva el poderoso Tigre de Achumani”.

Con estas y otras emblemáticas frases, Pablo Daniel Escobar, capitán del equipo paceño The Strongest (apodado Tigre por su hinchada), anunció hace tres días que el 19 de diciembre será su último partido como jugador profesional.

Al instante, las redes sociales se inundaron de reconocimientos al ‘10’ del Tigre. No es para menos. En 20 años de carrera futbolística, Escobar se ha ganado el respeto y la admiración de muchos bolivianos, hinchas o no, del equipo al cual representa.

Dada la influencia que tiene el juego en la construcción social, considero relevante analizar ¿cuál es la importancia de un capitán como Pablo Escobar?

Para responder esta pregunta, cabe recordar que H. Gadamer (1996) describió al juego como (1) una “autorrepresentación del ser vivo, tal como a diario se presenta en la naturaleza”; donde (2) el espectador participa, pues “no conoce propiamente distancia entre el que juega y el que mira el juego”, que (3) necesariamente implica un “jugar-con ‘otro’” que lo enriquecerá y que (4) “más que una ‘distracción’, tiene una seriedad”.

Sobre el primer punto, Escobar ha logrado representar un verdadero rol de liderazgo en su función de capitán. Su permanente motivación, recordada en consignas como “Prohibido Desistir”, además de una entrega asumida en cada juego con el equipo estronguista, es muestra de la “autorrepresentación” que supo ejercer como líder.

Asimismo, el ‘Pájaro’ -como ha sido apodado amigablemente- ha logrado sostener una estrecha relación con el espectador del juego, el hincha (en quien el fútbol, como espacio de afiliación colectiva, cobra sentido). Escobar supo cultivar ese vínculo, en cada partido, y en múltiples hitos del club atigrado. A tal punto que él mismo se reconoce como un hincha: “Estronguista voy a ser hasta el cajón”, expresó hace unos meses.

Por otro lado, en la reciente rueda de prensa que dio el ‘10’ aurinegro, reconoció y agradeció al ‘otro’, fuera de la dupla jugador-hincha, pero que también forma parte del juego futbolístico: periodistas, dirigentes e incluso a otro equipo (San José, que lo recibió inicialmente en Bolivia). “Gracias a todos y disculpas por mis errores, aunque seguro, seguiré cometiendo otros más”, dijo con la humildad que debería caracterizar a un líder.

Finalmente, cabe destacar el compromiso que asumió Pablo con su equipo y con el escenario en el cual le tocó jugar, reafirmando la “seriedad” que el juego implica. A pesar de su apasionado carácter, que lo hizo reclamar en más de una ocasión las decisiones de los árbitros, supo respetarlas. Incluida su reciente y dudosa suspensión, cuestionada en el marco de las normas establecidas.

Así, a través del juego futbolístico, Escobar ha representado al líder de un colectivo, de manera integral, pero que reconoce al ‘otro’, distinto, y respeta las reglas establecidas en un juego.

Qué distinto sería el mundo, y nuestro contexto nacional en particular, con más líderes como Pablo Escobar. Por todo su legado, ¡gracias capitán!

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