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Una inesperada y vistosa visita a la ciudad inundó las redes sociales de muchos habitantes de Santa Cruz de la Sierra: es la uña de gato, una planta trepadora que produce una masiva floración de color amarillo que solo dura tres días. Es la sensación de la ciudad en este septiembre en algunos parques de la urbe adonde llegan parejas, amigos, niños, familias para improvisar aceleradas sesiones de fotos e inmortalizar el momento.

Los periodistas de este medio constataron que al menos en la plaza El Bibosi del segundo anillo y en la plaza del barrio Los Penocos, entre tercer y cuarto anillo del suroeste cruceño, había filas de ciudadanos para posar junto a las flores amarillas de la uña de gato.

La uña de gato es una planta trepadora presente en Sudamérica y Norteamérica. Su nombre proviene de la similitud de la planta que tiene una estructura en forma de gancho para trepar y su nomenclatura científica es Dolichandra unguis-cati, una especie fanerógama de la familia de las bignoniáceas.

Según el biólogo Huáscar Bustillos, esta planta no es parásito, no necesita de sustancias nutritivas de otras plantas para vivir, simplemente requiere de un apoyo para desarrollarse. Así lo hizo sobre un árbol de tarumá y de un toborochi en la plaza El Bibosi, donde la uña de gato formó algo parecido a un gigantesco arco para el deleite de los habitantes y visitantes de la zona.

La especie se reproduce por semillas, la plántula se sujeta al árbol soporte por medio de los tallos, se adhieren y fijan al soporte mediante pequeñas raíces aéreas que nacen del mismo tallo y se encaraman en forma modular hacia la copa de los árboles.

Al alcanzar mayor tamaño, normalmente los tallos de esa planta se desprenden del tronco, pero permanecen sujetadas al árbol soporte por la maraña de ramas que se entretejen en su copa o en la de los árboles vecinos.

Páginas especializadas en la especie dicen que la uña de gato tiene un follaje semipersistente y que, en lugares protegidos, donde no recibe heladas, lo conserva siempre; mientras que, donde suelen presentarse heladas, lo pierde parcialmente.

La planta es vigorosa y leñosa, tiene tallos delgados, sus hojas de color verde son opuestas, bifoliadas, terminadas en zarcillos de tres ramas en forma de gancho, con folíolos con una longitud de tres a cuatro centímetros, y flores que pueden crecer solas o en grupos de dos o tres con un diámetro de cuatro a cinco centímetros.

Es normal ver florecer a la uña de gato en los bosques cruceños, pero no así en la misma ciudad, como ocurrió este año, dicen los expertos.

La fugaz visita de esa vistosa planta prueba una vez más que la población de la ciudad tiene conciencia ecológica y aprecia las maravillas de la naturaleza, en brutal contraste con lo que ocurre en las zonas donde otros queman los bosques provocando incendios incontrolables. Hoy mismo hay incendios en siete municipios cruceños; San Javier, San Matías, San José, San Javier, San Rafael, Cabezas y Puerto Suárez. Más de un millón de hectáreas han sido afectadas por las llamas y el problema aún no ha terminado por este año.

Ojalá ese amor por las manifestaciones de la naturaleza, que estos días se observa en la ciudad, contagie un poco a quienes encienden el fuego. Por lo menos en la ciudad nadie quedó indiferente a sus encantos. Ni siquiera este editorial.

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