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29 de agosto de 2023, 7:40 AM
29 de agosto de 2023, 7:40 AM

Hoy se cumple un mes desde que Sebastián Marset escapó de la Policía. Ahora se sabe que recibió ayuda de la Policía para hacerlo (lo insinuó el ministro de Gobierno), así como que fiscales, jueces y uniformados no coordinaron como era debido para encarar los operativos de búsqueda.

El narcotraficante uruguayo vivió en Santa Cruz de la Sierra, codeándose con un entorno social que, lejos de cuestionar el origen de su fortuna, la disfrutó en fiestas, campeonatos, etc. Desde Bolivia, este personaje dirigió el narcotráfico a gran escala, enviando cargamentos de toneladas de droga a Europa y África, así como ‘lavando’ el dinero proveniente de su oscuro negocio. En este país, el fugitivo obtuvo cédulas de identidad con otros nombres, pasaporte y hasta certificado de nacimiento. Y fue desde la clandestinidad que se hizo la burla del ministro de Gobierno y de la Policía nacional.

La Policía paraguaya, con ayuda de la fuerza antidrogas de EEUU (DEA) y de Europa (Europol) investigaron el paradero de Sebastián Marset, después de que fuera identificado como el autor intelectual del asesinato a un fiscal que lo investigaba. Cuando la información estaba confirmada, se la entregaron a Bolivia y fue aquí donde el hombre escapó. Fue un fracaso internacional que deja muy mal parado al país, que ahora luce poco confiable para las operaciones contra las drogas.

En las investigaciones se supo que Sebastián Marset era el que controlaba los envíos de droga en aviones y avionetas. El Gobierno dice que no se lo halló a él, pero que se afectó su patrimonio en 25 millones de dólares. La pregunta que todos se hacen es si los alijos de cocaína que se siguen hallando fuera de las fronteras bolivianas son de Marset o de quién son. A un mes de la fuga, sería importante que el Gobierno aclare sobre los otros peces gordos del narcotráfico que operan desde Bolivia, como se informó hace unas semanas desde el extranjero.

Y a la hora de poner en la balanza los resultados, son varias las evidencias detectadas. En primer lugar, que hay un alarmante tráfico de armas en el país y nadie hace ni dice nada al respecto. ¿Cómo llegan a manos de estas personas? ¿Qué controles vulneran?

Por otro lado, que hay narcotraficantes incrustados en la sociedad y no hay una censura pública, sino que se los incorpora, se los valida y hasta se los exalta en una demostración de carencia de valores.

Además, si el ministro de Gobierno dice que no le cabe duda de que Marset recibió ayuda policial para escapar, es porque el narcotráfico también ha penetrado en el Estado y los alcances son insospechados. No hay que olvidar que han sido funcionarios públicos los que facilitaron el cambio de identidad del narcotraficante.

Lamentablemente, con este caso también se confirma que, con algunas excepciones, los pesos pesados no van a la cárcel, sino que es más fácil aprehender a los eslabones más alejados del centro; por eso es que sigue saliendo la droga del país.

Y, finalmente, con los operativos fallidos y las burlas de Marset acerca de la Policía y el ministro de Gobierno, queda claro que los narcos se sienten cómodos y confiados en Bolivia, que no respetan a las autoridades, sino que se atreven a desafiarlas.

Ha pasado un mes y parece un año. El caso Sebastián Marset hizo caer un velo sobre la lucha contra el narcotráfico. Es urgente hacer ajustes. Y también será importante que el primer mandatario se pronuncie para saber hacia dónde apuntará la política antidrogas después de este fracaso.

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