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Suele decirse de las fechas conmemorativas que tal o cual autoridad llega al mes, al aniversario o a una fecha emblemática con luces y sombras en su gestión, porque siempre hay elementos destacables y otros criticables. El presidente Luis Arce cumple hoy su primer mes como presidente de Bolivia y en su caso habría que apuntar que llega a sus 30 días entre luces de su gestión y la sombra de Evo Morales.

Llegó al poder tras ganar la elección con 55,1 por ciento de los votos, un apoyo mayor al que recibió Evo Morales en la elección de 2005, y quizá desde ese detalle pudo comenzar una historia no liberada de ciertos celos del ex mandatario que, sin embargo, es jefe del partido del presidente, el Movimiento Al Socialismo.

Arce demostró en este mes que no es un presidente mediático como lo era Morales; de hecho, el presidente ha aparecido en contadas ocasiones en el canal del Estado, mientras que Evo ha aparecido en vivo bastantes más veces no solo en actos políticos, como el seguimiento en directo desde su ingreso por Villazón y todo su recorrido cuando volvió de Argentina, hasta llegar al aeropuerto de Chimoré.

Incluso un acto privado, personal de Morales, como la bendición de su casa en Cochabamba, ha sido transmitido en vivo por Televisión Boliviana con la presencia del Cardenal Toribio Ticona.

Hace pocas horas Morales anunció, en tono de aparente ‘punto de vista’ que el exvicepresidente Álvaro García Linera podría ser el embajador de Bolivia ante la Organización de Estados Americanos (OEA), cuando todos saben que ese tipo de nombramientos es atribución exclusiva del presidente del Estado. El tiempo dirá, de confirmarse el nombre de García Linera en la OEA, quién manda aquí.

La presencia de Evo Morales en la política boliviana es tan fuerte, que se ha comido los primeros seis párrafos de este editorial que se propone evaluar el primer mes del presidente Arce.

La gestión gubernamental, propiamente, se ha caracterizado hasta aquí por tener signos de austeridad política. Con Evo Morales, el país aún estaría viviendo festejos por aquí y por allá; pero también por la lentitud en el despegue de los planes, particularmente económicos, que anunció Arce en su campaña.

Quizá la única medida visible en este sentido fue el inicio pago del bono contra el hambre en el país para apoyar a las personas más golpeadas por la pandemia del Covid-19, un beneficio de Bs 500 que fue planeado el año pasado por la entonces presidenta Jeanine Áñez, y que luego la Asamblea Legislativa controlada por el MAS subió a Bs 1.000.

Un tercer rasgo de la gestión podría ser que el discurso político del primer mandatario, en las escasas oportunidades en que se lo escuchó, ha tenido durante todo este mes referencias de descalificación al Gobierno de transición de Áñez, a quien le endosa la responsabilidad de la crisis, obviando el efecto de la pandemia en la economía mundial y por tanto también en la boliviana.

En la interna del partido en función de Gobierno, se observan fricciones en esa incómoda convivencia entre las diversas corrientes del masismo, principalmente la de los seguidores de Morales que tienen alguna presencia en el poder, y las que eligió el presidente Arce. Pese a que hacia afuera se quiere mostrar renovación, lo cierto es que ese objetivo se cumplió solo a medias.

Como fuera, y parafraseando al tango, 30 días no es nada para hacer un balance completo de un Gobierno que está dando sus primeros pasos. Habrá que esperar un tiempo prudente para valorar el camino de Arce en el poder.

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