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Que la paciente María Saloma hubiera sido dada de alta ayer en el hospital San Juan de Dios es un verdadero milagro, es también una demostración de que el sentido común y el compromiso con la vocación de los médicos, enfermeras y todo el personal de salud son fundamentales a la hora de luchar contra la pandemia.

Ella tiene 48 años y además padece problemas renales que la obligan a someterse a diálisis tres veces por semana; eso significa que sus riñones dejaron de funcionar por sí mismos, que necesita una máquina que le permita limpiar la sangre y el organismo. En esas condiciones llegó al hospital San Juan de Dios; su situación era crítica, pero la voluntad de quienes la atendieron en primera línea, así como de las autoridades de la Gobernación y de la Alcaldía le devolvieron la vida y ayer salió escoltada por personal de salud que celebraba su recuperación.

En este análisis no se puede soslayar que, a principios de marzo, cuando llegaron los dos primeros pacientes importados con Covid-19, en el hospital San Juan de Dios había varios trabajadores que se negaban a recibir a personas contagiadas con esta enfermedad, que incluso rechazaron a la paciente cero como efecto del miedo y del desconocimiento. Fueron momentos duros y tuvieron que haber varias conversaciones entre la dirigencia y la Gobernación para que acepten ser un hospital donde se reciba a personas que hubieran contraído el virus.

Por lo tanto, la de ayer no solo fue una jornada en la que se celebró el alta de una paciente que estuvo en estado grave, sino que ayer se demostró que es posible vencer las barreras del desconocimiento y la indolencia frente a un problema que golpea a Bolivia y al mundo entero. El personal de salud no solo pudo vencer sus propios límites, sino que demostró su calidad profesional y humana. En este nosocomio se salvó esa y muchas vidas y para ello se necesitó mucha experticia y también abnegación que no es más que el amor desinteresado por el otro.

En este momento hay que replicar esa transformación en toda la sociedad. Hay pacientes con Covid-19 que se sienten discriminados por sus vecinos, se guarda discreción sobre la identidad de los enfermos para que no sean acosados por su entorno social. Asimismo, hay personal de salud: médicos, enfermeras a los que se rechaza incluso en espacios de abastecimiento porque trabajan en algún nosocomio y eso no puede ser cuando se sabe que ellos son los que pueden salvar nuestra vida en cualquier momento y porque están en la primera línea de esta batalla con un enemigo invisible.

La ignorancia y la soberbia no tendrían que ser ganadores en una ciudad y en un país donde la solidaridad y la empatía deberían ser conductas generalizadas. El miedo es producto de la ignorancia y para vencerla es preciso informarse. En este momento hay miles de espacios dónde obtener datos sobre cómo protegernos y proteger a nuestras familias. El rechazo, la discriminación y el acoso a pacientes y personal sanitario no son el blindaje que se precisa para enfrentar al Covid-19.

El hospital San Juan de Dios dio muestras claras de que una transformación es posible; ya abrió el surco, hay que seguirlo.