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El ministro de Desarrollo Rural y Tierras, Wilson Cáceres, nombró a su esposa, Fabiola Gutiérrez, como jefe de gabinete, o al menos eso es lo que ella era por las palabras que el propio hombre dijo en agosto; la recientemente nombrada se hizo conocer porque emitió un instructivo a todo el personal exigiendo que pongan sus cargos a disposición.

Luego de conocido el nombramiento, las críticas le llovieron al ministro por nepotismo al nombrar a su esposa como su jefa de gabinete, y por la masacre blanca que ella ejecutó en Desarrollo Rural; entonces salió el ministro a aclarar que no es su esposa y decidió que la que quedaba fuera del puesto era la señora Gutiérrez.

En el siguiente capítulo de esta telenovela costumbrista, Cáceres hizo una nueva precisión: Fabiola Gutiérrez no solo no era esposa, sino que en realidad es su ‘ex’, porque en el pasado tuvo una relación con ella, pero ‘no prosperó’. Es decir, contrató y luego despidió no a su esposa ni su novia, sino a su ‘ex’.
Entró en escena la verdadera esposa, de nombre María, quien apareció para aclarar que ella está separada de Cáceres desde hace cinco años, en proceso de divorcio, y pidió no utilizar su nombre en este escándalo.

Así, a solo tres semanas de iniciada la gestión del presidente Luis Arce, uno de sus colaboradores le ha llevado en bandeja un suculento escándalo, tema del comentario de desayuno, almuerzo, cena, talleres, movimientos sociales y oficinas en el país, poco digno de un Gobierno que comienza a ensayar sus primeros pasos con promesas de renovación y supuestamente alejado de las viejas mañas de la política tradicional.

El incidente no es menor, no solo porque compromete a un Gobierno recientemente posesionado que quiere y debe dar señales de transparencia al país, sino también porque implica la comisión de faltas graves en el ejercicio de la función pública, como el nepotismo, y porque deja al descubierto que Cáceres faltó a la verdad en más de una ocasión en el oscilante manejo comunicacional de este asunto.

Así lo entendió el presidente Luis Arce, que no esperó mucho para superar este mal momento en el inicio de su Gobierno y ayer decidió remover de su cargo a Cáceres y posesionar en su lugar a Edwin Ronald Characallo Villegas, con el mensaje de que quienes integran el Ejecutivo deben ‘mantener los principios, valores, ética y la moral en el cargo público’.
Horas antes, su colega de Justicia, Iván Lima, había criticado a Cáceres y le pidió dar un paso al costado, porque a su entender los errores cometidos pueden derivar en daños a la gestión y al Movimiento Al Socialismo. ‘Los hombres públicos no pueden equivocarse, es un tema en el que se necesita dar señales claras al país’, había dicho el ministro Lima con toda razón.
Sin embargo, Cáceres perdió la oportunidad de mostrar algo de decoro en el capítulo final de la telenovela que él mismo guionizó, no renunció y fue echado del gabinete por la primera autoridad del país.

Con su firmeza en este caso, el presidente Arce demostró tener un atinado criterio para resguardar la imagen de su equipo de colaboradores más inmediatos, y a la vez dio así un mensaje claro al resto de los integrantes de los ministerios para que no cometan errores groseros como el de Cáceres si no quieren terminar como él. No lo pensó demasiado, y con esa conducta marcó una acertada tónica para una gestión que debe comenzar con pie derecho para transmitir confianza al país.

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