Escucha esta nota aquí


El ministro de Obras Públicas, Iván Arias, anunció la destitución del director de Transparencia de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), Omar Durán, y de la jefa de Recursos Humanos de esa institución del Estado, Debbie Carmen Morales.

Hasta ahí, no hay noticia. La destitución de un funcionario es parte usual de la práctica en la administración pública, por razones de confianza, de cambio de gestión, de corrupción -tristemente esta categoría en nuestro país pertenece al grupo de razones de rutina-, pero lo que llama la atención es que en este caso no fueron echados de sus cargos por ninguna de esas habituales explicaciones, sino por inasistencia a la fuente laboral, en el primer caso, y por no haber tomado las medidas administrativas al respecto, en el segundo.

En pocas palabras, el director de Transparencia de la DGAC no iba a trabajar, y la jefa de Recursos Humanos no le mandó los memorándums correspondientes por esas inasistencias. Por esa razón se los destituyó a ambos.

Simultáneamente, el ministro encomendó a la oficina de Transparencia de esa cartera de Estado que fiscalice de forma interna por 30 días las acciones asumidas en la DGAC, donde hay denuncias de presuntas irregularidades en adquisiciones.

Las sospechas tienen relación con acusaciones de mal uso de aeronaves y compras de insumos de bioseguridad con aparentes sobreprecios.

La decisión del ministro Iván Arias demuestra firmeza e intolerancia sin vueltas contra el incumplimiento de obligaciones, en este caso laborales, y contra todo indicio de corrupción, en un hecho probablemente sin precedentes en el Estado boliviano, que tiene el sello personal de quien tomó la valiente determinación.

Durante la pandemia, Arias demostró ser quizá uno de los ministros que más viajó a ciudades y provincias del país llevando educación sobre los cuidados biosanitarios, tomando medidas, recogiendo necesidades y canalizándolos en el Gobierno central, al punto de que fue acusado de ‘viajar intencionalmente para contagiar a las poblaciones’ cuando él no tenía el Covid-19.

Su estilo singular, directo, trabajador, con una particular forma de comunicar hablando en sencillo y didácticamente transmite confianza, adjetivo que en la mayoría de los casos se asocia casi como un antónimo con el ejercicio de la política.

Iván Arias es una de las autoridades a quien quizá mejor se recordará del equipo de colaboradores de Jeanine Áñez, junto con Fernando López, ministro de Defensa que también demostró tener pasta de un funcionario trabajador, igualmente frontal y firme en la toma de posiciones y ejecución de sus acciones, a quien se ve en fronteras y allí donde hay dificultades, ayudando a resolver los problemas de la gente, sea en riadas de Cochabamba, sequías del Chaco o incendios de la Chiquitania.

Un espacio como este que se caracteriza por su línea crítica tiene la obligación de pronunciarse también sobre aquellas personas y hechos que con sus acciones contribuyen a devolverle un pedazo de confianza al ejercicio de la autoridad, y que pese a la adversidad en tiempos difíciles, dan el mensaje de que otra democracia más cercana a la gente y a la honestidad es posible.

En ese marco se inscribe la acción de Iván Arias, de destituir a un funcionario que no trabajaba, y a la que debía sancionarlo y no lo hizo.