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1 de enero de 2019, 4:00 AM
1 de enero de 2019, 4:00 AM

Finalmente, la revolución no la ha producido el proletariado, sino los ingenieros de sistemas. Por lo menos la revolución que el mundo vive. Pero qué duda cabe de que el planeta está cambiando y aceleradamente. El motivo de esta transformación se llama Inteligencia Artificial. Es decir, el universo de los algoritmos, que no solo cumplen órdenes humanas, sino que pueden producir complejas interpretaciones de información.

Por ejemplo, hay quien piensa que en unas décadas más se reducirá el número de médicos necesarios para atender a la gente, pues serán centros de cerebros artificiales quienes de acuerdo a los síntomas pidan estudios para luego interpretarlos y realizar diagnósticos.

Pero si se reduce el número de galenos, no ocurrirá lo mismo con el de enfermeras. Es decir, el análisis de los resultados puede ser centrado en algoritmos, pero estos no pueden poner inyecciones ni hacer trabajos físicos como colocar a los pacientes en las sillas de ruedas.

Igualmente, pronto los automóviles serán manejados directamente desde satélites, lo que reducirá un 90 por ciento los accidentes, causados en su mayoría por irresponsables que manejan ebrios o hablando por celular. Pero se seguirá demandando mecánicos, aunque cada vez más se utilizará el escaneo de los vehículos antes que el buen oído de los técnicos.

La transformación continuará. Sin embargo, ¿estamos preparando a los jóvenes para este mundo cambiante? La respuesta es claramente negativa. Lo vivo en mi propio oficio.

Hace casi 25 años que doy clases y soy docente titular de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz); empero, veo que formamos alumnos en periodismo para periódicos en papel, que pronto desaparecerán, y no en periodismo digital, que es la nueva tendencia. Y, por supuesto, la redacción no es la misma.

Quizá en ningún campo del conocimiento la revolución sea más profunda que en la comunicación y eso incluye a los medios, pero los sobrepasa.

Las nuevas cámaras de televisión, por ejemplo, pueden transmitir a través del internet eventos que antes requerían de sofisticados (y caros) equipos. De hecho, en muchas redacciones audiovisuales se están usando las cámaras de los celulares para filmar noticias.

Como decía Scott Snyder en La muerte de la familia: “Nos han enseñado lo contrario, pero el único pecado original es la ignorancia”. Y si mantenemos a nuestros muchachos en la ignorancia de las nuevas tecnologías y las nuevas profesiones y oficios, estamos condenándolos al desempleo o a que trabajen en cualquier otra cosa, menos en la que se han preparado.

Seguimos enseñando en aulas pequeñas a gran número de estudiantes como se viene haciendo desde hace centenares de años. Eso debe cambiar, pero sobre todo hay que transformar el chip cerebral de los docentes y de los estudiantes.

Hay que abrir puertas y ventanas y, tal vez, hasta demoler paredes.

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