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Un Museo del Barro para Cotoca

Mario Suárez Riglos 17/5/2021 05:00

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Esta es la tercera entrega que hacemos sobre la necesidad y el potencial de museos que tiene Santa Cruz, cosa que logramos transmitir gracias a la generosidad de EL DEBER, que nos presta espacio en sus páginas y, de esta manera, hace una contribución concreta al objetivo que apuntamos.

El turno de hoy es el del Museo del Barro, que proponemos se desarrolle e instale en Cotoca, ciudad que nadie puede negar que es donde más se ha desarrollado desde hace décadas la habilidad para trabajar con este material, generando una industria que da trabajo a mucha gente local, y que atrae a gente de otras ciudades del departamento y del interior del país para ver, admirar y adquirir sus piezas.

¿Un Museo del Barro, realmente vale la pena?, se preguntarán muchos. Y nosotros diremos que sí, vale la pena y mucho. El barro es un material simple y noble con el que se ha construido el mundo.

Ciudades enteras se han construido con arcilla como material principal, ya sea formando bloques o ladrillos, ya sea como amalgama o como revestimiento. Ciudades enteras que se han construido hace mucho tiempo y siguen en pie, usadas y habitadas cotidianamente a pesar del surgimiento de materiales modernos con mayor tecnología. Aldeas albergan gente que no conoce otros materiales y que ha logrado sufrir y salir airosa de terremotos y tempestades, como la casa del más laborioso de los tres chanchitos.

Ciudades que le rinden justo culto al barro y cuentan con innumerables e innombrables objetos de uso diario, utilitarios y ornamentales, hechos de barro, de arcilla quemada y pintada, de terracota, como los guerreros chinos que fueron desenterrados y encontrados intactos luego de siglos de haber estado bajo tierra.

Cotoca posee yacimientos de arcilla buena para la alfarería y ha desarrollado una mano de obra especializada que es capaz de hacer cientos de utensilios y adornos de barro quemado, pintado o sin pintar, y su distancia corta de la ciudad, su buena carretera de acceso, su zonzo en pacumuto y, sobre todo, su calidad de sede de la Virgen de Cotoca, tan milagrosa y venerada Ella, suman incentivos para instalar allí un museo y parque temático del barro, fomentando complementariamente sus atractivos productivos y religiosos con la industria sin chimeneas.

Hay que concebir a los museos y parques temáticos como lugares vivos, no como repositorios de cosas muertas, del pasado, sino como muestras de historia, presente y futuro, que pueden desarrollar una dinámica convergente con diversas actividades e iniciativas de desarrollo local.

La competencia estimula, y si, por ejemplo, el municipio se hace cargo de esta actividad, podría hacer concursos entre los alfareros que hagan réplicas de la Mamita, de su Santuario, y de otras temáticas, instituyendo un premio anual que incentive a los trabadores del barro.

Con instrucción especializada, por otro lado, las actividades con barro pueden generar una industria exportadora, como se lo ve en objetos provenientes de México, por ejemplo, que muchas veces adornan nuestras casas como lo podrían hacer objetos ornamentales o utilitarios de Cotoca.

El barro es, pues, otro de los símbolos de Cotoca, tanto que merece un museo y un parque temático, lo reiteramos, y mejor aún si en el mismo se le hace culto también a la Purísima Virgen María de Cotoca, Patrona de Santa Cruz, que no es poco decir.

Con la Virgen empezó todo, podemos considerarla nuestra alfarera Alfa. Así que, de esos polvos estos barros, y de estos barros el Museo del Barro, con la Bendición de la Virgen, para que no queden dudas de nuestras buenas intenciones. Amén.

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