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Estados Unidos inició ayer un nuevo ciclo de su muy consolidada democracia con el juramento de Joe Biden como el presidente número 46 de la historia de ese país, y tanto los discursos como el acto mismo dejan varias lecciones de democracia que el mundo ha observado con optimismo y un renovado sentido de esperanza.

En su primer mensaje como flamante presidente de Estados Unidos, Biden hizo un llamado a la unidad, en alusión a los actos violentos del 6 de enero donde un grupo de extremistas tomó por unos minutos el Capitolio, sede del Congreso de Estados Unidos.

También pidió hacer frente a las supremacías blancas, a los terroristas nacionales, reconstruir la clase media, garantizar la sanidad para todos.

En ese mismo lugar, en las escalinatas del emblemático edificio, se desarrolló una ceremonia solemne pero muy sobria de toma de posesión, con una sencillez llamativa, una organización impecable, invitados simétricamente ubicados, separados por al menos dos metros unos de otros, como nunca antes se había visto, en estricto cumplimiento de rigurosas medidas de bioseguridad por la pandemia del Covid-19, que precisamente en Estados Unidos tiene el mayor número de víctimas del mundo.

Durante la transmisión televisiva del acto no se observó ni una sola persona sin barbijo, y hasta quienes pronunciaban discursos o los artistas que cantaron, llevaban barbijos que se los sacaban únicamente cuando hacían uso del micrófono.

Biden, que pidió un minuto de silencio por los 400.000 muertos por Covid-19 en Estados Unidos, puso un énfasis muy notorio en la unidad del pueblo norteamericano, pese a sus diferencias; declaró enfáticamente que será el presidente de todos los ciudadanos y no únicamente de los que lo eligieron, e hizo un llamado para terminar con esa suerte de guerra civil que pone a demócratas contra republicanos.

Se lo puede lograr, afirmó, abriendo las almas, mostrando tolerancia y humildad, poniéndose cada uno en los zapatos de la otra persona, y advirtió que la discrepancia no debe llegar a la desunión.

“Les prometo, voy a luchar tanto por los que me respaldaron como por los que no me apoyaron”, afirmó el presidente Biden, una expresión tan clara que en nuestro país está ausente desde hace 15 años. Acá no solo que eso no ocurre, sino que incluso los mandatarios se empeñan en hacer saber que son presidentes de sus sectores sociales, de sus movimientos sociales, y no así del conjunto de los bolivianos.

Biden se mostró muy seguro y a la vez sereno, sus expresiones estuvieron completamente alejadas de amenazas ni insinuaciones violentas, destacó que pese a las amenazas internas prevaleció la democracia, y alcanzó incluso a pedir que se destierre la manipulación y la información falsa.

El otro hecho histórico que para nadie pasó inadvertido es la posesión de Kamala Harris como la primera vicepresidenta mujer de Estados Unidos, además afroamericana de origen asiático, en un momento cargado de mucho simbolismo.

Varias señales, en definitiva, que permiten mirar con cierto optimismo el futuro de Estados Unidos y por lo mismo del mundo, dada la amplia influencia que ejerce la primera potencia mundial en la paz de otras regiones y en particular también con América Latina.

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