Opinión

Un olvido peligroso

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3 de septiembre de 2017, 7:00 AM
3 de septiembre de 2017, 7:00 AM

Desentenderse de la política ha sido uno de los errores más graves en los que ha caído la mayoría de los bolivianos, en especial la mayoría de las élites de sectores representativos del país. Ese desentendimiento, ya sea por presión directa de los gobernantes de turno o por una decisión voluntaria tomada al calor de circunstancias asustadoras como las que se viven hoy en Bolivia, solo ha contribuido a un retroceso preocupante en la lucha por más y mejor democracia, el que es posible notar sobre todo en el deterioro del Estado de derecho y en la pobre o casi inexistente capacidad ciudadana de fiscalización del poder.

Ese es un problema atribuible no apenas a los excesos de la clase política, sino también a las carencias en nuestro ejercicio ciudadano. Es más, todo parece apuntar hoy a que la falla principal está en una ciudadanía ausente. Una ausencia bien articulada desde las cúpulas del poder, sin duda, pero que bien podría no ser tal si la sociedad civil hubiera sido capaz de no caer en la tentación de desentenderse de la política. Ha mediado el temor en ello, indudablemente, pero también la apatía y una actitud cómoda, típicas de una población proclive a la ley del mínimo esfuerzo, inclusive a la hora de aprender.

Es duro admitir esa realidad. Hacerlo nos obliga a reconocer que somos parte responsable de los problemas. Nos obliga a dejar de apuntar a la clase política como única culpable de todos los males que nos aquejan y a volver el índice hacia nosotros. Nos obliga a sacudir la modorra que nos tiene adormecidos y a trabajar para cambiar la realidad adversa que nos afecta en nuestra cotidianidad, con el deseo de ir por la vida libres, en paz y seguros. Digo esto pensando en la nueva elección judicial, ya definida para diciembre próximo, la misma que está marcada por fallas estructurales que hacen prever que no habrá mejorías en la administración de la justicia en Bolivia.

Ese proceso sin retorno ha sido aprobado por parlamentarios elegidos por los bolivianos. Tienen un mandato constitucional y lo aprovechan para tomar decisiones en nombre de todos. ¿Lo están haciendo mal? ¿Eso nos molesta ahora? Pues tengámoslo en cuenta siempre, sobre todo a la hora de votar o ante cualquier coyuntura que demande nuestra participación activa y política. Copio a Savater: “No vale lamentarse después de lo malo que son, y echarse las manos a la cabeza, si primero les hemos dado nuestro permiso, aunque no nos diéramos cuenta de que lo hacíamos porque estábamos despistados”.  

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