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OPINIÓN

Un país estafado

Carlos Federico Valverde B 5/7/2020 03:01

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Carlos federico Valverde Bravo

Acabamos de pasar la mitad exacta del año bisiesto; dicen los que creen en eso que, lo que se haga el día siguiente de la mitad, determina lo que vendrá el resto del año y creo que es buena ocasión para mirar no sólo estos seis primeros meses sino muchos años atrás, a fin de entender por qué asumo que nosotros como colectividad como ciudadanos de este país hemos sido y seguimos siendo estafados.

Parto del reconocimiento de que nos estafó el sistema político formal y tradicional cuando transformó la práctica de los pactos y acuerdos, cuando destruyó la convergencia y la concertación y la convirtió en tratos de “repartija de espacios de poder” haciendo inviable cualquier posibilidad de mejoramiento de la democracia; así terminó un ciclo de la democracia que no necesariamente debía acabar sino ser mejorado y reimpulsado con nuevos aportes teórico-prácticos.

Nos engañó el MAS con la idea del “cambio”, porque no respetó la democracia, la Constitución, la división de poderes, los derechos humanos; porque construyó al estilo de García Meza otra ‘democracia inédita’; cuando no le dieron al país educación y salud, elementos centrales que debieran ser atendidos por el Estado en beneficio de sus ciudadanos; hubo proceso de cambio, es cierto, pero cambiaron ellos, la “Nomenklatura” que se benefició personalmente y “se salvó para siempre”.

Nos estafó el TCP (Poder del Estado) cuando avaló la re-re-elección como un derecho humano (y nos sigue estafando cuando no deja sin efecto semejante barbaridad) sólo para satisfacer el apetito de un solo hombre y el interés de quienes se beneficiaron con él.

Nos estafó el TSE que se fue; ese que permitió y cobijó el fraude espantoso de octubre pasado y nos estafa hoy Salvador Romero (TSE) cuando tiene que actuar, forzado por la ley, como parte civil de la denuncia del fraude y no argumenta como debe, como cuidándose las espaldas por lo que “pueda venir”, pero nos estafa aun más cuando intenta dar la apariencia de normalidad y seguridad al nuevo proceso electoral argumentando que una hora más de votación, barbijos y alcohol en gel garantizan que todo estará bien en materia de bioseguridad.

Cuando huyó el fraudulento, nos estafaron los que tomaron el Gobierno e hicieron lo mismo que 18 años atrás y se repartieron ministerios como si fueran “parcelas de poder”, igual que empresas e instituciones públicas, como un retorno a lo que creíamos se había ido con todos los que huyeron.

Nos estafaron los que negociaron los respiradores tan necesarios para la gente y nos siguen estafando cuando no hay respuestas rápidas y uno de los que debe declarar dice que lo puede hacer por internet, porque no va a venir.

Nos estafan cuando dictan decretos con medidas económicas o sociales y no presentan conjuntamente sus decretos reglamentarios porque sin estos nada se puede hacer.

Nos estafan cuando ofrecen 50 o 30.000 millones de bolivianos para arrancar una reactivación financiera y terminan publicitando la puesta en marcha de un plan de empleo desde el Ministerio de Trabajo con 132.240.000 bs (19 millones de dólares).

Nos estafa doña Eva Copa cuando se asume un poder real y paralelo y petardea o dinamita (según el tamaño de su bloqueo) proyectos y la aprobación de créditos destinados a salud; lo hace también el MAS cuando maneja lo legal a su antojo con su fuerza parlamentaria y no atiende la crisis de salud y economía, creyendo que va a beneficiarse con el descrédito del gobierno; no se habla de los demás partidos políticos porque hoy no tienen responsabilidades reales de “hacer”, más allá de lo que opinen o digan.

Nos estafa el gobierno con sus propagandas electoralizadas en vez de informar sin sesgo a la población sobre lo que se hace; se estafa al ciudadano cuando la presidenta se viste de candidata para informar lo que hace la autoridad.

Nos estafa el sistema educativo pretendiendo que estamos preparados para la “educación virtual” cuando es un hecho que no más del 40% de la gente de este país tiene acceso al sistema y no se atreve siquiera a pensar en un proyecto serio para los tres últimos meses del año, si la pandemia cede.

Nos estafan los municipios cuando sólo se dedican a publicitar su afán de “atacar la pandemia” porque reditúa “bonos electorales” pero dejan las “otras enfermedades” sin atender y sus ciudades se hunden o caen a pedazos; nos estafan los que no entienden que las ciudades son sus responsabilidades y hay que trabajar en todo, también en lo que no necesariamente es voto.

Es claro que cualquiera que lea estas reflexiones personales puede aumentar argumentos de porqué debemos considerarnos estafados por los diferentes poderes.

P.D.- Medio año… se vienen las elecciones y los estafados debemos salir a votar por alguien (¿voto útil de nuevo?) y aunque vale la pena reconocer que, la presidenta tiene derecho legal (no hay impedimento en ese sentido) de ser candidata, no es justo que busque serlo por encima de la crisis económica y social; la presidenta debiera entender que hoy su única responsabilidad y total dedicación debe ser entregar el mando del Estado en las mejores condiciones posibles; que cruzar su “rubicón”, es decir el lanzarse en una “empresa de arriesgadas consecuencias” buscando ser presidenta no es para este momento. Alguien debiera decirle que deja dudas sobre su fortaleza personal y política en momentos de crisis; recordemos que el argumento: voy a promulgar la ley electoral para que no digan que soy prorroguista, nos enfrenta a la posibilidad de aumentar los contagios de la pandemia; eso no es justo ni correcto, pero ya está… qué le vamos a hacer…

Grave sería que sólo el recrudecimiento de la crisis sanitaria evite una elección que debió ser evitada por la autoridad y el sentido común.