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EDITORIAL

Un protocolo para la educación en tiempos de Covid-19

Editorial El Deber 15/5/2020 19:02

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La suspensión de clases fue una de las primeras medidas asumidas por la presidenta cuando se supo que el coronavirus había llegado a Bolivia. Fue una decisión osada y valiente para preservar la salud de los estudiantes, muchos de ellos niños vulnerables. Lamentablemente, la sorpresiva medida no fue acompañada por quienes debían diseñar un plan para que los alumnos tengan el soporte necesario durante el tiempo de aislamiento.

Ya van dos meses de suspensión de clases. En ese lapso, la formación de los estudiantes ha sido dispar en el país. Con cerca de tres millones de alumnos en todos los niveles, la mayoría ha estado ausente de la teleducación y eso pone en evidencia que los maestros no están a la altura de los adelantos de la tecnología, mientras el Ministerio de Educación ha demorado para preparar un sistema de capacitación y organización de este trabajo.

A estas alturas, una de las mayores inquietudes de las autoridades nacionales tiene que ver con si pasarán de año o se aplazarán, en una mirada casi obsoleta que toma en cuenta la calificación y no la maravillosa oportunidad de aprendizaje que impone este momento.

El confinamiento hace que la mayoría de los estudiantes estén con uno o con ambos padres y que ellos pueden acompañar la formación de sus hijos como nunca antes, tomando en cuenta que educación integral no solo son las materias tradicionales sino aprender a convivir, a ser responsables con la casa, con la familia y también a ser independientes.

Este momento también abre la puerta para democratizar el acceso a internet. Es en las crisis cuando se puede lograr acuerdos con el sector privado para que sea beneficiada la población de menores ingresos. El ideal de tener áreas urbanas con wifi gratuito es anunciado desde el anterior gobierno, pero se ha logrado en pocos lugares.

Hay que destacar el esfuerzo de colegios y de maestros por mantener conectados a los estudiantes, haciendo camino al andar porque nadie se imaginaba que se llegue a vivir una circunstancia como la presente; pero esa misión debió ser acompañada por las autoridades nacionales, departamentales y distritales.

A dos meses del cierre de aulas, las autoridades dicen que solo es acompañamiento, que no pueden tomar examen, que hay que establecer un método. Mientras tanto, hay carencia de orientación para alumnos, padres de familia y también para los maestros.

Estamos en emergencia, es cierto. Los esfuerzos están dirigidos a frenar la pandemia en Bolivia, pero hay que asumir que la ‘nueva normalidad’ probablemente implique que los estudiantes no volverán a las aulas durante un buen tiempo. Por lo tanto, es preciso que se establezca un protocolo de acción, que se acabe la improvisación.

Además, esta crisis ha demostrado que gran parte del magisterio nacional está desfasado en relación a los avances pedagógicos y tecnológicos que hay en el mundo. Es tiempo de hacer un alto, reformular programas de formación y capacitar con carácter obligatorio a quienes tienen la misión de educar a la niñez y juventud bolivianas. En el país hay mentes brillantes y con experiencia que pueden aportar en este camino. Lo que queda claro es que esa es una tarea urgente.

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