Opinión

Un retrato de Rulfo y los indios de México

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14 de julio de 2017, 4:00 AM
14 de julio de 2017, 4:00 AM

Jesse A. Fernández (+), pintor y fotógrafo cubano estadounidense publicó en España un libro de fotografías titulado “Retratos” (Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1983). En él quedaron perpetuadas las efigies de los principales escritores y artistas iberoamericanos del siglo XX. Dos años antes, yo le había consultado a Rulfo si consentía en ser retratado por Fernández. “Si usted me lo pide, está hecho”, me contestó. Jesse no salía de su asombro: “Llevo diez años detrás de Rulfo, pero siempre se negó… ¿Cómo lo conseguiste?”, me preguntó. “No lo sé”, le contesté. Terminada la sesión fotográfica y ante la perplejidad del fotógrafo, Rulfo nos invitó a almorzar en el restaurante del hoy desaparecido Hotel Mindanao, el mismo hotel donde se suicidó, cortándose las venas, el músico y filósofo boliviano Marvin Sandi (Potosí, 1938 – Madrid, 1968). Mientras caminábamos, Jesse nos tomó unas instantáneas que conservo. En animada charla de fotógrafo a fotógrafo, Rulfo  se enteró de que acababa de posar para un colaborador gráfico de Vogue, Paris Match, Life en español, Visión y Vanity. (Mis amigos mexicanos siguen sin dar pábulo a esta anécdota, pues Rulfo tenía fama de tacaño). En la foto, Rulfo perenniza ese rictus de amargura y esa mirada desconfiada de su iconografía. No es el Rulfo que yo recuerdo de nuestras pláticas en Madrid. 

En 1982, coincidí con Rulfo en un seminario sobre indigenismo realizado en Madrid. Allí estaban el boliviano Óscar Arze Quintanilla (+), director del Instituto Interamericano Indigenista, varios americanistas españoles y la plana mayor del Instituto Nacional Indigenista de México, incluido el sociólogo Rodolfo Stavenhagen (+) que veintitantos años después residiría en La Paz como ‘observador’ de la ONU durante el primer gobierno de Evo Morales. En aquella reunión de 1982 no había ni un indio. Todos soltaron su consabida perorata, menos Rulfo que permaneció mudo y aislado, como ausente. Le pregunté por qué no había abierto la boca. -- “Porque ellos no conocen a los indios”, me dijo. Después de un largo silencio, prosiguió: -- “Los indios no quieren integrarse en el mundo de los blancos. Lo que quieren es matar a los blancos”, sentenció, dejándome sin habla. Cuando reaccioné, le recordé su conocida opinión sobre la necesidad de integrar a los indios, respetando su cultura originaria. Rulfo repuso: “Cierto,  pero dígame, Pedro, ¿y si los indios no quieren integrarse? Ellos viven en el pasado, en un mundo mítico, de espaldas al futuro. Yo los he fotografiado y he contemplado esos rostros insondables”. Le recordé que el Che Guevara opinaba lo mismo. “Esos rostros de piedra”, escribe el Che en su “Diario de Bolivia”. “No se equivocaba”, respondió Rulfo y añadió: “Los personajes de mis cuentos y mi novela son campesinos; no son indios, como usted bien sabe”, dijo. (Continuará) // Madrid, 14.07.17. 

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