3 de septiembre de 2023, 4:01 AM
3 de septiembre de 2023, 4:01 AM

Ser opositor y estar preso en Bolivia es iguala vivir una agonía infinita, como lo ha sido en Venezuela y Nicaragua. Es evidente un afán de perpetuar el sufrimiento de quienes se atrevieron a pensar diferente y a luchar por sus convicciones desafiando al todopoderoso gobierno imperante.

La situación de los presos opositores se repite desde hace años. Ahora es el turno de Luis Fernando Camacho, encarcelado, sin derecho a tener visitas (salvo las que el régimen penitenciario avala), sin acceso a una atención adecuada a su condición de salud y con mayores afecciones cada día. Pero no es el primer caso. Veamos:

José María Bakovic fue el primero. Fue sometido a 76 juicios durante el Gobierno de Evo Morales. Tuvo que peregrinar por tribunales de todo el país, se vulneraron al menos 12 derechos fundamentales y murió intentando demostrar que era inocente. 

Leopoldo Fernández fue prefecto de Pando, articulador -junto a otros- de la Media Luna (bloque opositor al Gobierno de Morales). Fue detenido acusado de muertes en un enfrentamiento en Porvenir, que años después sería catalogado como la “victoria militar” que necesitaba el MAS para vencer a los prefectos opositores en la etapa del llamado “empate catastrófico”, según la definición del entonces vicepresidente, Álvaro García Linera. La sentencia contra Fernández llegó antes de su aprehensión cuando el exministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana decía que en su epitafio iba a leerse: “Que en paz descanse con los gusanos”. A los pocos días lo encarcelaron y permaneció en el penal por años, tras los cuales salió enfermo y escarmentado.
En el mismo Gobierno, Marco Antonio Aramayo, ex gerente del Fondo Indígena, osó denunciar corrupción en la que estaban involucrados dirigentes sindicales del entorno de Evo Morales. El atrevimiento le costó la vida y le valió más de 250 juicios, muchas enfermedades sin atención médica y una larga agonía. Al final, murió preso.

Jeanine Áñez, ex presidenta de Bolivia es sometida a procesos en la justicia ordinaria, con lo que se le vulnera su derecho constitucional a juicio de responsabilidades. Ha sido detenida, incomunicada y privada de atención médica. El régimen penitenciario ha insistido en que tiene todas las condiciones para mantenerse saludable en una cárcel paceña, pero ella sufrió cuadros graves de hipertensión, de depresión y otros males sin que se le permita una atención digna.

Los cocaleros Franklin Gutiérrez y César Apaza defendieron una postura de los cultivadores de coca de Los Yungas, no quisieron someterse a los de Chapare y terminaron presos. En el caso de Gutiérrez, su hija murió y no pudo asistir al sepelio. En el caso de Apaza, permanece preso, enfermo y ahora en huelga de hambre tras denunciar que es víctima de tortura judicial.

Y la última víctima se llama Luis Fernando Camacho, gobernador de Santa Cruz. Tiene una grave enfermedad de base, además de hipertensión arterial, problemas en el sistema digestivo, y otros males. Una junta médica concluyó que debe salir del penal de máxima seguridad de Chonchocoro para que su salud sea atendida, pero el director de Régimen Penitenciario insiste en que no es así, aún en contra del informe de los galenos que lo revisaron la semana pasada y que firmaron un documento avalado por el Gobierno.

Si se revisa el comportamiento con los opositores se puede hallar similitud bajo gobiernos de la misma corriente ideológica. Leopoldo López, opositor venezolano, fue apresado y estuvo preso durante años en que le aplicaron la llamada “tortura blanca”; es decir una presión sicológica que lo llevó al borde de la muerte y de la locura. Lo mismo ha ocurrido en Nicaragua con más de 200 presos políticos, que ahora han sido despatriados (otra variante de vulneración de sus derechos).

En Bolivia está pasando. Tortura blanca a los opositores. Se los lleva al extremo. Los detienen, los incomunican, no tienen posibilidades de acceder a atención médica y les niegan todos los recursos judiciales que plantean. Es como si el objetivo fuera destruirlos.

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