Opinión

Una carta para mi hija, compartida

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10 de marzo de 2017, 4:00 AM
10 de marzo de 2017, 4:00 AM

En dos semanas más cumplirás los 18, niña mía. Tengo en la memoria tu imagen, bebé, recostada de espaldas, brazos abiertos, manitas en puño, dormida en mi cama, sobre la colcha de franela que también usaron tus hermanos. Yo te miraba sintiendo por tercera vez en la vida ese miedo ancestral que sentimos las mamás cuando reparamos en la vulnerabilidad de nuestras crías pequeñas. Sentí miedo a morirme, pero no por mí, sino por vos. No dormí toda la noche pensando en qué sería de ustedes tres si yo les faltara. La mente tiene esa manía de dar vueltas evaluando probables amenazas. 

Es una cuestión de supervivencia. Así estamos más alertas y cuidadosos. Pero ya ves, fue un insomnio tonto. Los años han pasado y aquí sigo bien viva, teniendo que cuidar de ustedes cada vez menos. He vivido momentos sublimes, pero también varios desvelos, ansiedades y angustias. La preocupación es como un pulpo que toma tu mente e inquieta tu cuerpo. No te suelta hasta que algo se resuelve. He tenido la preocupación de la buena, aquella que me ha permitido mirar y solucionar problemas sin quitarme mucho el sueño y también he pasado de la mala, aquella en la que el miedo me inundaba y no me dejaba descansar ni pensar con claridad. Esa, mi niña, hay que aprender a manejarla, porque más allá de perturbar, no sirve para nada. La vas a tener alguna vez, aunque yo quisiera que no. Cuando la tengas, busca alguien de confianza con quien hablar. Hazlo rápido, no tardes. 

La angustia se va cuando se la saca del pecho y dos cabezas piensan mejor que una. Siempre hay solución y, aun en la peor de las circunstancias, una vez en el baile, se disipa el miedo y uno descubre que había sido capaz de bailar al son. No repares en pedir ayuda. Las personas que te quieren son tu recurso más valioso y te sorprenderá gente nueva en tu camino para darte una mano. Confía en tus conocimientos y mantente dispuesta a aprender aquello que no sabes. En tu corazón, conéctate con ese lugar en el que habita la calma, el humor y la confianza, retírate ahí a descansar y desde allí, niña-mujer, sal al mundo 

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