12 de agosto de 2023, 7:00 AM
12 de agosto de 2023, 7:00 AM

¿Qué más tiene que pasar para que haya una cruzada general que transforme la violencia ejercida en los hogares? Ahora asistimos al drama de una familia que fue quemada por un hombre, ahora prófugo y éste debería ser el punto de quiebre de una sociedad indiferente al maltrato a niños y a mujeres.
La madre era Martha Layme Díaz y vivía con sus dos hijos: una de 10 años y otro de apenas cuatro. El autor de este horroroso crimen llegó de madrugada, les echó gasolina y les prendió fuego. Ató a sus víctimas y las encerró para que no pudieran escapar. Obviamente, los daños han sido nefastos. Marta fue la primera en fallecer por las lesiones; su pequeña hija también murió y ahora queda el más pequeñito, que sigue luchando por su vida y que, si sobrevive, habrá perdido partes de su cuerpo que serán amputadas en las próximas horas.

El autor de este horror ha sido identificado como Félix Fernández Soria. Fue pareja de Martha, pero ya no vivían juntos. Él escapó después de prender fuego a sus víctimas y aún no lo encuentran, pese a que pasaron varios días, lo que también pone en entredicho la mentada eficiencia de la Policía.

Según allegados a Martha, no era la primera vez que ella había sido agredida por el que fue su pareja, sino que ya había una denuncia en su contra. En este caso, ellos estaban separados, pero eso no frenó la violencia que él ejercía contra todos en el hogar. Si ella puso en conocimiento de las autoridades que era víctima, es condenable que no se hubieran tomado medidas para prevenir que continúen las agresiones. Hay que hacer notar que no es el único caso bajo las mismas circunstancias, que ya hubo otros anteriores y también terminaron en feminicidios.

Pasaron ocho meses de 2023 y ya se han registrado 54 feminicidios en el país; es decir un promedio de 4 al día. En el mismo periodo ocurrieron 12 infanticidios. Esas cifras son excesivas, pero en el país parece aplicarse aquello de que lo poco espanta y lo mucho amansa, porque la conmoción social dura pocos días y el olvido da lugar a nuevas agresiones y nuevos crímenes.

Es frecuente escuchar que todo esto es consecuencia de la sociedad patriarcal en la que vivimos y es cierto, pero ese concepto hay que desmenuzarlo para que cale en la mente y el corazón de hombres y mujeres, de niños y niñas, porque es entre todos que hay que superar este cáncer que tanto dolor causa en Bolivia. 

Si no se entiende con claridad que cada golpe, cada humillación, cada abuso, cada feminicidio e infanticidio deja heridas que no curan, el problema se perpetuará porque aún se mantienen ideas heredadas que se resisten a entender valores como la equidad de género, respeto a la mujer como individualidad y a los hijos como seres a los que hay que darles lo mejor para que sean personas de bien.

En primer lugar, ya no es tolerable que los organismos encargados de frenar la violencia familiar sean ineficientes. Urge que se den cuenta y asuman una real responsabilidad sobre la vida de mujeres y niños que denuncian agresiones porque están desesperados.

Por otro lado, también es urgente que el abordaje de este tema sea encarado en las comunidades educativas, en las oficinas públicas y privadas, en las instituciones de la sociedad civil, etc. Hay que encarar una cruzada social que produzca verdaderos cambios. Para ello se necesita el compromiso de las autoridades políticas de turno y de los líderes institucionales. Si no se evita, la siguiente muerte será una responsabilidad colectiva.

Tags