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Una época muy difícil

Fernando Rodríguez M 15/10/2020 05:00

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Viendo en retrospectiva no mucho sino hasta 8 meses atrás, la vida cotidiana que llevábamos ya dentro de rutinas aceptadas y con las cuales éramos complacientes hasta molestarnos si se producían cambios, nos genera una reacción natural de que eran tiempos mejores y aceptamos el viejo dicho de que todo tiempo pasado fue mejor y, de repente, se abrió una inesperada tranquera con la presencia de un elemento perturbador como un virus, desconocido, incontrolable y mucho menos que podamos enfrentarlo.

Este virus cambió la vida no de pocos o de algunos, cambió la vida de toda la humanidad, y todos fuimos arrastrados al vacío de lo desconocido, de lo inesperado. Al comienzo todos muy asustados hacíamos caso militantemente a las medidas de seguridad sanitaria impuestas por la autoridad para evitar o por lo menos disminuir la letal acción de ese virus que amenazaba destruir a la humanidad misma.

Como ocurre en las diferentes actividades del hombre, al pasar de los días fue disminuyendo primero el miedo, después la seguridad y los cuidados, hasta que por efectos de esa nueva rutina, se empezó a forzar el levantamiento de las medidas de seguridad y que se vayan aflojando las restricciones hasta casi regresar a la normalidad que teníamos antes de la cuarentena, con un aditamento que no puede ignorarse que es que el virus sigue ahí afuera y sigue contagiando, contaminando peligrosamente a todos aquellos que no guardan la seguridad exigida.

En ese transcurrir en el que el virus era lo que manejaba nuestras vidas, fuimos siendo impotentes testigos de cómo la muerte sin respetar posiciones, edades, títulos, sexo, o lo que fuere, fue tomando para sí y llevándose a la otra vida a miles de personas y que, por esa llamémosla natural actitud, no dejaba de ser indiferente, hasta que de repente, gente allegada a nosotros, conocidos, amigos y familiares, fueron víctimas de ese virus y que murieron, afectando nuestras fibras más íntimas por tales infaustos decesos.

No es que la muerte fuera un inesperado visitante o que, ante la pandemia fuera parte de unas estadísticas que nos mostraban cantidades. Lo que nunca pudieron ni podrán mostrar, es el sentimiento, el sufrimiento y el tremendo golpe que representa tener una víctima del coronavirus en personas que no tenían por qué morir ahora, a pesar de que en algún momento lo harían, ese mortal virus empezó a llevarse sin miramientos a los allegados que, estando sanos, con plena vitalidad para seguir acompañándonos mucho tiempo más, de repente se enfermaban y morían. 

Ese sentimiento de impotencia acrecentado porque no se podía acompañar a los familiares en esos duros momentos y en muchos otros casos, ni siquiera los familiares pudieron estar junto a sus enfermos quienes morían en la soledad y la distancia.

Son muchos los amigos que han muerto en esas circunstancias y en este poco tiempo transcurrido, los recuerdo a cada uno de ellos y revivo los momentos que juntos hemos tenido, no es posible hacer una lista porque sin intención podríamos dejar a muchos fuera de ella, así que permítanme compartir con todos Uds. queridos lectores, ese sentimiento de frustración, de pesar, de rabia, de impotencia, ante el fallecimiento de tantos amigos quienes siempre estarán presentes en nuestra vida.