Opinión

Una fecha para reflexionar

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1 de mayo de 2018, 4:00 AM
1 de mayo de 2018, 4:00 AM

Un incremento salarial del 5,5% al haber básico y del 3% al salario mínimo nacional no parece alcanzar para que este 1 de mayo celebren los trabajadores del país. En realidad, ese beneficio alcanzará formalmente a cuatro de cada 10 bolivianos, ya que los seis restantes tienen subempleos o están ocupados en el sector informal, aquel que no es regulado, donde no existen reglas del juego y donde la estabilidad laboral, las vacaciones o el derecho a la salud y a una jubilación son una utopía.

Diversos estudios económicos señalan que, lejos de mejorar, la calidad del empleo se ha deteriorado en el país. Según la Confederación de Empresarios de Bolivia, al menos el 25% de la población económicamente activa gana menos del salario mínimo nacional y la cifra sube al 42% si se considera a los empleados por medio tiempo.

En un país que debería estar aprovechando que la mayor parte de su población tiene edad de trabajar, tenemos que el 55% de los desempleados son jóvenes (cifras al año 2015, citadas por la investigación Jóvenes y empleo). Hace ya algunos años que se escucha el término ‘nini’, es decir que ni estudia ni trabaja por falta de oportunidades, aumentando la vulnerabilidad de una generación que tendría que estar soñando y construyendo el país.

En cambio, las cifras del Gobierno tienen un exceso de optimismo. Hablan de que Bolivia es el país que más ha crecido, que el desempleo se redujo a la mitad en los últimos años, pero hacen lance a aspectos tan importantes como la creciente informalidad que deja subempleo y pérdida de condiciones laborales para el grueso de los bolivianos, de esos datos poco o nada se habla en los círculos oficiales. 

Frente a esto, ahora sobrevuelan nubarrones de desempleo anunciados por el sector privado, especialmente de la pequeña y mediana empresa, cuyos representantes aseguran que no podrán cumplir con los porcentajes de incremento salarial anunciados por el Gobierno, ya que sus unidades productivas no tienen el crecimiento que puede estar registrando el sector público, especialmente ahora que vuelve a subir el precio internacional del petróleo.

A escala mundial, el 1 de mayo se recuerda el Día del Trabajo desde 1889, en homenaje a los mártires de Chicago, que fueron masacrados cuando pedían una jornada laboral de 8 horas y no de 12 o 14 como se imponía en ese momento. Desde entonces, las organizaciones sindicales tuvieron como norte la defensa de los derechos de los trabajadores y mantenían distancia con relación a los poderosos (empresarios y gobiernos). 

No obstante, en Bolivia surgen cuestionamientos a la Central Obrera Boliviana por su cercanía con el Gobierno nacional, por la facilidad con la que sus dirigentes aceptaron regalos y por un accionar político más vinculado a la preservación del poder que a las reivindicaciones sociales.
Este 1 de mayo no hay muchos motivos para celebrar; en cambio, sobran las razones para reflexionar y generar un mejor ambiente de trabajo para los más de cuatro millones de bolivianos en edad económicamente activa. De nada sirve que las cifras de crecimiento sean elevadas, si eso no se refleja en la calidad de vida de los habitantes de este país. 

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