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Una metrópolis sin clase mundial

Pablo Mendieta 3/6/2021 05:00

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La Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene al menos dos áreas encargadas de analizar y apoyar las políticas urbanas.

Por una parte, está la División de Población que lleva el registro estadístico. Según sus datos, Santa Cruz de la Sierra tenía 42 mil habitantes en 1950 (puesto 1.164 de 1.860 ciudades), en 2015 fuimos 1,7 millones y el pasado 2020, incluyendo la corrección del INE, 1,8 millones. En síntesis, ahora estamos entre las “top 300” del mundo.

Por otra parte, ONU-Hábitat publica anualmente el “Estado Global de las Metrópolis”; y su última edición incluye 1.934 ciudades catalogadas como tales, dentro de las cuales también está nuestra urbe.

Sin embargo, este 2 de junio el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard lanzó el portal Metroverse, con 1.000 metrópolis de clase mundial que pueden plantearse hacia futuro. Y no está Santa Cruz, como tampoco otra ciudad boliviana, de Paraguay o de Venezuela.

¿Qué nos falta para ser una metrópoli de clase mundial?

Mencioné en este espacio la necesidad de planificación nacional como también departamental para dar un norte más definido a las políticas públicas. Este también es un requisito para la metrópoli para promover los beneficios de una mejor asignación de recursos públicos, así como mitigar las fallas del Estado.

La metrópoli cruceña requerirá consensos para orientarla a la gran ciudad que se visualiza, basados tanto en lo avanzado en estas décadas de progreso, como también en los desafíos urbanos dadas las nuevas tendencias del siglo XXI.

Cuando leo la historia cruceña encuentro que el olvido y la marginación marcaron el sentir departamental en el pasado. Mientras a fines de los sesenta las principales ciudades del país y de Sudamérica tenían adoquín y asfalto, recién se colocaba la primera loseta en la ciudad.

Hoy la realidad es totalmente distinta. Santa Cruz se yergue como la principal metrópoli nacional, con todos los beneficios y desventajas que ello implica.

Es parte de “El triunfo de las ciudades”, término acuñado por el reconocido académico de la Universidad de Harvard Edward Glaeser, en su libro homónimo donde enumera las ventajas de la urbanización en el progreso mundial.

De hecho, por más que la base económica continúe asentada en el campo, el futuro pertenece a las ciudades. La División de Población de la ONU señala que el tamaño de la población rural boliviana no cambiará, mientras que la urbana continuará creciendo.

Eso sí, el crecimiento no será exponencial como en el pasado. La metrópoli cruceña actual tiene al menos 2,3 millones de habitantes; pero, las tendencias de fertilidad, natalidad y mortalidad hacen prever que a lo más llegue a doblar su población en las dos décadas siguientes.

Un menor crecimiento poblacional no es malo. Los estudios sobre crecimiento económico muestran claramente que está asociado a mayor desarrollo social. Además, el crecimiento de la población total será más pausado, pero el de la clase media más acelerado, como lo señaló The Economist unos años atrás. Una ciudad más próspera, cosmopolita y extendida.

En este contexto, así como se plantearon los esquemas de planificación urbana en las décadas pasadas, es importante avanzar hacia ciertos consensos mínimos de la metrópoli que deseamos en el futuro mediato.

Identifiqué algunas visiones de la metrópoli como la Gran Santa Cruz, el proyecto Diamante, o Lineamientos para la Región Metropolitana, cada una con sus peculiaridades. Creo que de debe avanzar en una agenda común en los aspectos urbanístico, económico, social, etc. para triunfar en el actual siglo.

Nuestra vida gira en torno a la ciudad, sinónimo de progreso por la cercanía entre empresas, trabajos, centros de enseñanza y esparcimiento; pero también de soledad ciudadana, rutina cotidiana, vida acelerada y pobreza aglomerada.

El consenso entre todos los actores hará que se forje la pujante Santa Cruz del siglo XXI, donde la institucionalidad deberá continuar como la clave para alcanzar hitos urbanos.



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