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Por segundo año consecutivo, los incendios forestales fuera de control han tenido efectos devastadores para la flora y la fauna en vastas extensiones del territorio nacional, especialmente en el departamento de Santa Cruz. En 2019, durante la época de sequía que coincide con las quemas del bosque que se realizan sin mayor control y en muchos casos de manera deliberada, ardió la Chiquitania y más de 5,7 millones de hectáreas se redujeron a cenizas.

Avanzado el último trimestre de 2020, recientes reportes registran 1.868.799 hectáreas consumidas por las llamas correspondiendo un 63% a la región cruceña, 34% a Beni y en porcentajes mucho menores a La Paz, Cochabamba, Oruro y Tarija. Según el Ministerio de Medio Ambiente, más de medio millón de hectáreas quemadas están en una veintena de áreas protegidas, siendo las de Otuquis y Amni San Matías las más dañadas. Las esporádicas lluvias sobre esos y otros lugares fueron insuficientes para contener la devastación ardiente. Para colmo de males, temperaturas elevadas, una muy baja humedad y los fuertes vientos predominantes generaron condiciones muy favorables para la propagación del fuego.

Un comando de incidentes contra incendios a la cabeza del Ministerio de Defensa que coordina las operaciones desde su base en Roboré, trabaja a destajo contra el fuego en mancomunidad de esfuerzos con las FFAA, Policía, bomberos voluntarios y otras organizaciones. Los resultados de ese accionar son alentadores porque los focos de incendio se han reducido de 83 a 12. En tanto, el helicóptero Chinook enviado a Bolivia como parte de la cooperación del gobierno de Canadá y otros aparatos menores de una empresa privada, han realizado más de 500 descargas de 1.175.000 litros de agua con retardantes sobre sitios inaccesibles para aplacar el fuego y cuyo avance representaba incluso riesgo para algunas pequeñas comunidades. 

Pero el daño no solamente se produjo en el bosque. Sus efectos también se dejaron sentir en la ciudad capital más grande y densamente poblada del país, Santa Cruz de la Sierra, donde ‘bajo el cielo más puro de América’ se respira humo. Al promediar octubre y en sus últimos dias, la calidad del aire alcanzó el rango de ‘muy mala’ debido a las quemas registradas en los municipios vecinos. Lo ha establecido una red de monitoreo dependiente de la alcaldía cruceña que reportó parámetros de 169 microgramos de partículas contaminantes por metro cúbico, lo que representa riesgos para la salud de grupos vulnerables y que hace remarcar la necesidad de utilizar cubrebocas y reducir la actividad física en lugares abiertos. 

Cada año, uno de los mayores daños al medioambiente en Bolivia se produce cuando el bosque arde con inmensurable impacto para el ecosistema. Para nuestra rica biodiversidad. Una política de Estado firme y eficaz para evitarlo, se echa en falta. Implementarla y aplicarla rigurosamente es de inexcusable responsabilidad del nuevo gobierno nacional próximo a instalarse.