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9 de julio de 2017, 16:00 PM
9 de julio de 2017, 16:00 PM

El cambio del ministro de Economía y Finanzas Públicas en las actuales condiciones es un tema que ha encendido las alarmas en todo el país y, por supuesto, con mayor razón en Santa Cruz, dada su condición de locomotora y centro neurálgico de la economía nacional.

Las delicadas circunstancias del alejamiento del ministro Arce Catacora han contribuido además a generar una atmósfera enrarecida, cargada de latentes preocupaciones y no pocas incertidumbres.

Los males de salud no tienen contemplación con ningún tipo de circunstancia y a veces atacan irremediablemente en los peores momentos. En este caso el timing no pudo haber sido peor, pues ha afectado al símbolo de la estabilidad en el momento en el que justamente la economía enfrenta serias amenazas en distintos frentes.

Más allá de la pertinencia y de los resultados de la política económica encarnada por el ministro Arce, su sola permanencia en el gabinete desde el primer día de este gobierno, era de por sí una señal de estabilidad.

En ese contexto creo que el gobierno ha cometido otro error al haber incurrido nuevamente en suacostumbrado hermetismo informativo; tengo la impresión de que en el afán de evitar el riesgo de un posible pánico financiero, minimizaron las cosas indicando que se trataba de una licencia temporal para un tratamiento rutinario.

Ahora que se comienzan a filtrar informaciones que insinúan un cuadro de mayor gravedad, se hadesatado lógicamente una ola de dudas que no hacen otra cosa que abonar el terreno de las especulaciones.

Ante la falta de información concreta, incluso no han faltado las interpretaciones que sugieren que la salida obedece al abandono de un barco que comienza a hacer aguas y a la imposibilidad de seguir manteniendo las apariencias económicas, sin tomar medidas relativamente drásticas.

Se puede comprender perfectamente el derecho a la privacidad que tienen el ex ministro y su familia, pero de todas maneras bien haría el gobierno en transparentar la información, justamente para evitar especulaciones que pueden terminar haciendo más daño en todo sentido.

Ya suficientes problemas tendrá que afrontar el ministro reemplazante, como para tener que lidiar además con tensiones, evitables desde la transparencia de la información.

El hecho de que el sucesor sea un ordenado discípulo de Arce y un profundo conocedor de la ortodoxiamacroeconómica que se ha confundido frecuentemente como el “milagro económico boliviano”, no le quita el hecho de haber heredado una máquina recalentada que resultó no haber estado blindada contra la crisis.

El reemplazante tendrá la dura labor de gestionar la escasez, lo que será ciertamente más duro que administrar la abundancia.

Sin la confianza política del jefazo y de su entorno, de la que gozaba su predecesor, tendrá que vérselas con decisiones complejas y probablemente inaplazables, que tienen que ver, entre otras, con la flexibilización del tipo de cambio del dólar, los prolegómenos de la renegociación de la venta del gas a Brasil, la admisión de la imposibilidad de seguir financiando las mega obras anunciadas hace mucho tiempo, el estancamiento del precio internacional del petróleo, el progresivo agotamiento de las reservas internacionales, la admisión de los riesgos de un endeudamiento externo descontrolado y los límites y riesgos que marcan la desbocada presión impositiva interna que se ejerce sobre las clases medias.

Esta es la posta que recibe el flamante ministro, al que, en esas condiciones, le debemos desear la mejor de las suertes.

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