25 de marzo de 2024, 4:00 AM
25 de marzo de 2024, 4:00 AM

Guillermo Dennis Beltrán, un joven futbolista colombiano de 24 años falleció a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio el 22 de marzo. La causa de muerte es muy poco frecuente en personas que aún no han alcanzado ni siquiera los 25 años de vida y mucho más si se trata de un deportista profesional.

¿Pudo evitarse este trágico hecho? Posiblemente, no, porque a veces los designios del destino están marcados en la vida de cada persona y se cumplen, por incomprensibles que sean. Sin embargo, esa reflexión no puede y no debe ser una cortina de humo para investigar y aclarar lo ocurrido porque, aparentemente, existen responsabilidades insoslayables.

En primer lugar, se supone que en la División Profesional del Fútbol Boliviano, cada club tiene condiciones económicas, institucionales y de infraestructura acordes a la práctica deportiva de alto nivel. En ese contexto, se supone que cada club realiza una revisión médica exhaustiva de cada uno de sus jugadores. Y ello no solo implica solamente velocidad o resistencia física, sino una serie de análisis y estudios médicos que detecten cualquier problema de salud, puesto que el fútbol es un deporte de esfuerzo y contacto físico.

¿Será que Real Santa Cruz puede acreditar la existencia de electrocardiogramas y otros estudios en el historial clínico de Guillermo Beltrán? En segundo lugar, ¿Quién auxilió al jugador cuando se desvaneció en pleno entrenamiento? Sus compañeros y un fisioterapeuta. En ese momento no estaba el médico del plantel y tampoco se conoció un parte médico oficial.

En tercer lugar, cada quien hizo lo que pudo, auxiliaron a Beltrán en la cancha y debieron esperar en el lugar hasta que llegue una ambulancia con médicos o paramédicos, pero lo embarcaron en una vagoneta particular, y según testimonios de los hechos, las prácticas de reanimación las realizó la encargada de marketing del club.

Para colmo de males, la improvisada ambulancia tuvo que lidiar contra el tráfico y la distancia, desde el estadio de Real Santa Cruz hasta Clínica Melendres, cinco kilómetros de agonía por el Segundo Anillo y la Doble vía La Guardia, en hora pico del tráfico vehicular. ¿Por qué? porque es la única clínica que tiene convenio con Real Santa Cruz, según se pudo saber.

Además, para nadie es un secreto que Real Santa Cruz arrastra deudas con todos sus jugadores, Beltrán no era la excepción. Estaba lejos de su hogar natal, vivía solo y se alimentaba como podía porque tenía sueldos por cobrar. Ese es un trato inhumano y peligroso porque un deportista profesional mínimamente debe tener calidad de vida, un techo seguro y una alimentación acorde con su profesión.

Y a lo dicho se deben añadir otras paradojas. El mismo estadio de Real Santa Cruz es más famoso por los conciertos que recibe que por las glorias deportivas del club. Después de cada evento, la cancha queda en pésimas condiciones, apta para que cualquier persona sufra un desgarro o una lesión en los ligamentos.

En Bolivia sobran los dedos de una mano para contar los clubes con infraestructura adecuada y condiciones necesarias para la práctica profesional del fútbol. El resto, hay que decirlo, siguen siendo pequeñas organizaciones que pelean con garra y ambición las jugosas ganancias que generan los derechos de televisación y la participación en torneos internacionales.

El fútbol boliviano es poco profesional y peligroso, y es un extremo que no se puede tolerar más. Que la muerte de Guillermo Dennis Beltrán no se desvanezca entre el luto y el silencio.

 



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