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3 de enero de 2019, 4:00 AM
3 de enero de 2019, 4:00 AM

Cerremos el año de una buena manera, sin mirar a nadie con antipatía, más al contrario. Voy a olvidar los sinsabores que muchas veces mueven la pluma de los columnistas. No quiero escribir sobre política, ni acerca de la física social, ni sobre los problemas que día a día atosigan a los colectivos y masas de hombres. Algo más profundo mueve hoy mi pluma: el ideal de unidad por el que lucharon y con el que soñaron los más grandes hombres de letras y de acción que nacieron en este suelo que se llama Bolivia.

René Moreno, Antelo, Tamayo, Arguedas, Montenegro, Diez de Medina, Ramírez Velarde, Céspedes, Quiroga Santa Cruz, Zavaleta… Con diferencias ideológicas que los distancian entre sí, con disparidades estilísticas que hacen la prosa de unos más bella que la de otros, todos ellos pensaron, escribieron y amaron Bolivia. Aquí el fondo es lo que vale. Sus libros también son una parte física de esta nación. Son como ríos cuyas aguas atraviesan varias regiones y varios poblados. Como el cóndor que lo divisa todo desde arriba; como el gato montés que presiente el peligro inexorable. Quién puede decir si no lloraron al escribir y hacer sus libros y escritos… Hicieron patria.

Flanquea, boliviano, la barrera de piedra que te cerca: verás la selva virginal. Atraviesa, boliviano, el espeso bosque que te atrapa la mirada y atrévete a subir un poco más: verás la cadena de montes que cautivan con su nieve fulgurante. Espera, boliviano, a quien viene de los montes donde mora el cóndor y a quien sube de los llanos donde habita el lince: verás dos tipos humanos que quieren abrazarse en tu valle pródigo, en el corazón geográfico del país.

¿Por qué no superamos nuestro drama de todos los días, de todas las décadas? ¿Acaso hay un muro entre nosotros? ¿Podrán nuestros hijos o nuestros nietos ser capaces de la unificación definitiva, la combinación de tradiciones, saberes, ciencias, prácticas e identidades? No pensemos si necesitamos la unión, reflexionemos de entrada sobre cómo la conseguiremos. Nuestros abuelos sentaron las bases ciertamente, pero la tarea empieza en nuestra generación, la concluirán nuestros hijos y disfrutarán de ella nuestros nietos.

Sigue, boliviano, la sentencia del poeta Goethe: no basta con saber, se debe también aplicar; y la de Horacio: apunta al justo medio; y la de Píndaro: el hombre es el sueño de una sombra; y la de Víctor Hugo: una revolución es una evolución; y la de Dante: el amor es la sola fuerza que hace mover al sol y las estrellas. Haced patria siguiendo los proverbios universales.

La tierra húmeda de los llanos reclama un poco de la arena gris y seca de los Andes; el cielo de las alturas, ese que se ve rasgado por los edificios más altos de La Paz, está ahogado y desea un poco de ese cielo tibio de Santa Cruz. Logremos el enlace espléndido. Y juntos, en todos estos tiempos que vengan, unamos estos suelos y estos cielos.

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